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LA LÍBIDO MATERNA
DESDE LA HISTÓRIA Y LA INVESTIGACIÓN ANTROPOLÓGICA.
El ‘mutterlich’ de Bachofen
J.J.Bachofen (1815-1887) ha pasado a la historia de la antropología como el defensor de la existencia de un ‘matriarcado’ previo a la sociedad patriarcal. Sin embargo, a mi modo de ver, su obra no ha sido interpretada adecuadamente, y su correcta interpretación arroja un impresionante chorro de luz a la antropología, es decir, al conocimiento del ser humano.
Bachofen, en la famosa Introducción de su libro Das Mutterrecht, cuenta que en los tiempos anteriores al patriarcado, en varios pueblos de Europa y según descripción recogida en diversos textos de la antigua literatura griega, la organización social se vertebraba desde lo maternal; concretamente utiliza el término en alemán ‘mutterlich’, que literalmente significa ‘maternal’, y no ‘matriarcal’ como se ha venido traduciendo; otras veces utiliza ‘muttertum’, que literalmente es ‘el ámbito o el entorno de la madre’, y tampoco significa ‘matriarcal’. Los conceptos ‘mutterlich’ y ‘muttertum’ no son conceptos que designan unas relaciones sociales abstractas; ‘maternal’ hace referencia al producto material e inmediato de los cuerpos maternos, es decir a la líbido materna. Bachofen no sólo emplea estos términos, que en la lengua alemana no ofrecen la mínima duda, y los diferencia claramente de las sociedades ‘ginecocráticas’ (gyne, mujer; cratos, poder) que existieron durante un breve periodo de tiempo, sino que además, explica su contenido: la organización social que existía en estos pueblos se regulaba de forma ‘natural’, y descansaba en el amor materno; en ese amor y en ese aliento, crecían y se organizaban las verdaderas relaciones fraternales que se originan de compartir el cuerpo materno, produciendo la empatía y el deseo de bienestar común, y este ‘muttertum’ es lo que constituía el fundamento de la organización social. Por eso Bachofen acuñó el concepto de sociedades basadas en el ‘derecho de madre’, es decir que todo el ‘derecho’ social descansaba en la producción y en el vínculo materno.
La ignorancia y el destierro a los infiernos de la líbido femenina en general y materna en particular, es la razón por la que antropólogos, sociólogos, editores, traductores e investigadores en general, no han entendido la obra de Bachofen, traduciendo ‘mutterlich’ por ‘matriarcado’. Pues efectivamente, en esa traducción-interpretación, desaparece la líbido materna, la sustancia emocional básica de la humanidad, tanto a nivel individual como social, y que tan acertadamente sitúa Bachofen.
Años más tarde, no desde la historia, sino desde el estudio de la psicología y de la sexualidad humana, Wilhem Reich (1) concluía también que efectivamente, la sexualidad espontánea, sin reglamentar, impulsada por la líbido humana no reprimida y sin coerción moral o legal, había sido la reguladora natural de la organización social en la sociedades prepatriarcales.
Nuestra contemporánea, la antropóloga argentina Martha Moia ha hecho un estudio sistemático de las estructuras más antiguas de los grupos humanos; no menciona a Bachofen, pero sus conclusiones así como sus análisis son contundentes: la estructura humana original a partir de la cual se han derivado todas las demás que la historia ha conocido, se organiza en torno a la díada madre-criatura. (2)
La armonía social que produce la organización matrifocal, o ginecogrupo como dice Moia, y sus mecanismos de autorregulación, está también recogida en el epílogo de la antropóloga Christine Mathieu en el libro La Tierra de las Mujeres, que recoge el relato autobiográfico de una mujer Moso, pueblo chino en la frontera con el Tibet que ha conservado el modo de vida de la matria. (3)
Según estos autores, en la sociedad matrifocal había una sexualidad espontánea, sin reglamentar (y la ausencia de institución matrimonial). La libido, por eso también había libido materna, no estaba reprimida.
Por el contrario, según la antropología de más reconocimiento académico y oficial (Levi Strauss por ejemplo) el origen de nuestra civilización está asociado a la construcción del tabú sobre el sexo, tabú que se precisa para inhibir la expresión espontánea del mismo y organizar entonces su práctica reglamentada conforme a unas normas que se constituyen en ley. Estas normas excluyeron drásticamente la sexualidad de la mujer y de la maternidad.
Lo cierto es que nada más nacer TODO nos informa del tabú del sexo, prohibiendo de manera casi absoluta todas las pulsiones sexuales infantiles, impregnándonos hasta la médula de la función sexual falocéntrica de la mujer adulta. El resultado es un malestar y un desquiciamiento del ser humano; como dicen Deleuze y Guattari la neurosis es inevitable en una sociedad donde el deseo y la líbido no pueden fluir libre y espontáneamente (El Anti-edipo 1972)
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LA LIBIDO MATERNA
DESDE EL PSICOANÁLISIS, LA FISIOLOGÍA Y LA SEXUALIDAD INFANTIL
Michael Balint (1971) uno de los más importantes discípulos de Freud, y también de los que más acertadamente, corrigieron algunos de sus fallos, en su crucial obra La Falta Básica que recoge una experiencia de cincuenta años de trabajo psicoanalítico, hace todo un reconocimiento de la ignorada y reprimida líbido de la maternidad. Balint contradice alguno de los puntos claves del Freud constituido en defensor de la reglamentación patriarcal de la sexualidad
1) Mientras que Freud afirma que solo hay una libido, la masculina, Balint pone de manifiesto la extraordinaria importancia para la vida humana de la líbido materna.
2) Frente a la teoría del narcisismo primario del ser humano, afirma que el narcisismo es una reacción secundaria ante la frustración, y que lo primario es un amor a dos. Esto que es tan obvio (que lo primero es un amor a dos), sin embargo ha sido y sigue siendo negado por gran parte de la psicología; y la misma teoría del Complejo de Edipo descansa en esta negación.
Balint, después de explicar la simbiosis intrauterina como un estado de mutua ‘interpenetración armoniosa’ y de fuerte catexia libidinal asegura que el individuo nace en un estado de intensa relación con su ambiente, tanto biológicamente como libidinalmente (La Falta Básica pag 83-85) (4)
La líbido materna por su condición está asociada indefectiblemente a la líbido de la criatura, de tal manera que reprimiendo la primera se asegura la represión de la segunda: y con ella la represión de toda la sexualidad infantil que se borra del mapa de la existencia humana, a pesar de su reconocimiento teórico desde hace casi dos siglos. Nadie niega, desde Freud, la existencia de la sexualidad infantil, pero ¿dónde está esa sexualidad? La respuesta es: en el infierno o en el Hades junto con la líbido materna, calumniada y definida como incestuosa. La sexualidad humana que nos presentan en la literatura, cine, tv, etc. es solo adulta y coital: cualquier relación entre sexualidad e infancia está asociada a violaciones, pederastia, etc. La sexualidad infantil no está culturalmente aceptada ni normalizada, como no lo está la sexualidad de la maternidad, a pesar de su reconocimiento desde distintos campos de las ciencias experimentales.
El Freud de los primeros tiempos (Tres ensayos sobre sexualidad, la 3ª edición data de 1914) daba tanta importancia a la represión de la sexualidad infantil –desde la etapa primal- que llegó a considerar la amnesia que tenemos de esa etapa primal de nuestras vidas como el producto de dicha represión.
La líbido existe y tiene su correlato en la fisiología humana, y esta confirma también la líbido materna, pues se ha probado que las descargas de oxitocina más altas de la vida humana se producen en la mujer nada más parir: es el fenómeno conocido como ‘impronta’ cuya función es organizar la simbiosis extrauterina.
La huella de la desaparición de nuestra Realidad de la líbido materna también se ha constatado desde el llamado ‘feminismo de la diferencia’, que ha señalando el papel que juega dicha desaparición en las construcción de los géneros y de la femeneidad patriarcal. Lea Melandri señala que la negación de nuestros cuerpos comienza cuando la madre nos niega el suyo, y asegura que esta negación de nuestro cuerpo es una violencia que tenemos interorizada contra nosotras mismas.(5)
La antropóloga francesa Luce Irigaray (6) pone el acento en la falta de semántica y de símbolos que hagan referencia al amor materno verdadero, falta que no nos permite ni tan siquiera nombrar o imaginar el deseo del cuerpo materno.
¿Cómo se puede vivir sin poder reconocer el deseo sexual y la carga libidinal más importante de nuestras vidas?
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LA LÍBIDO MATERNA
SU EVIDENCIA EN NUESTROS CUERPOS
El amor libidinal y visceral nace en el vientre borbotoneando y haciendo temblar todas nuestras células, sensibilizando el tejido epitelial, palpitando en los pechos, haciéndose agua y provocando la avidez de la boca y de la lengua, y todo eso antes de remansarse en el corazón y de racionalizarse en la cabeza; es bastante diferente al tipo de ‘amor maternal’ establecido por nuestra cultura, compatible con el dejar llorar a la criatura en la cuna o consentir en que se la lleven después del parto para lavarla y someterla a exámenes médicos.
El amor maternal verdadero es visceral.
La prueba de que es así la tenemos en el fondo de nuestro ser, porque ser visceralmente percibid@s, reconocid@s y desead@s es nuestro anhelo mas profundo, el tipo de amor que ansiamos y que buscamos siempre, desde que se frustró nuestra simbiosis primal.
El amor maternal de ‘la interpenetración armóniosa’ como lo describe Balint, es un deseo radical, imperativo y absoluto que llevaría a la madre a matar al que se atreviera a arrebatarle a la criatura recien parida, o a hacer cualquier cosa por saciar los deseos de su bebé; es un deseo de ser el entorno adecuado, de permitir la regulación de su ser psicosomático y realizar la verdadera función materna.
Porque la líbido y el deseo de la madre es inteligente, sabio, capaz de conocer y co-nacer y de re-conocer nuestros más mínimos deseos, siendo la complacencia de los deseos de la criatura la estrella polar que guía su desarrollo y asegura su salud. Es el deseo de mimar y de complacer a nuestras criaturas que nos sale tan a menudo.
Lo maternal verdadero es energía libidinal, es deseo visceral de placer y de complacer. Esto es muy importante; tenemos que acabar con la imagen de la madre sacrificada que cuida de sus hij@s. Pues si no hay deseo de placer propio no puede producirse la verdadera complacencia; la madre antigua que menciona Lope de Vega ‘que a cuanto vive aplace’, empieza por su propio placer; empieza en sus vísceras y en su cuerpo, en el deseo de su cuerpo de sentir el placer, de buscar el placer; esa es la libido de la complacencia (placer-con), el verdadero amor maternal hacia las criaturas, la sustancia emocional biológicamente prevista para hacer el bienestar y la sociabilidad humanas.
Sin embargo, nuestra socialización y nuestro desarrollo individual se produce como si jamás cosa semejante a la libido materna pudiera existir. De hecho, la líbido materna, no aparece por ejemplo en toda la programación de la enseñanza secundaria; incluso en los institutos en los que se imparte ‘educación sexual’. Pues nada más ‘descubrirse’ la sexualidad (léase darle un status científico de existencia) enseguida se aseguró que no había más que un sexo y una líbido; que la mujer éramos un varón castrado y que toda nuestra sexualidad es falocéntrica, etc. etc.
Pero la líbido maternal existe, y por eso estamos aquí. Porque a pesar de toda la cultura y de toda la educación, la líbido maternal irrumpe en nuestros cuerpos en momentos muy concretos de nuestras maternidades, y se abre paso contra viento y marea, sacudiendo nuestros cuerpos y nuestras conciencias agrietando sus respectivas corazas, musculares y psíquicas, con una evidencia que paradójicamente es tan incuestionable como indecible e irreconocible. Ahí está el agujero por donde se escapa la energía libidinal femenina humana:
- por su inexistencia conceptual y simbólica,
- por su inexistencia en nuestra conciencia,
- por su inexistencia en los hábitos y normas sociales que la excluyen fácticamente.
Eso es lo que hace que por desgracia, en la mayoría de los casos lo que pasa en nuestros cuerpos, las sacudidas emocionales de la maternidad, aunque desborde los altos grados de blindaje y acorazamiento de los cuerpos, no llega a cobrar forma y sentido material, tal es el estado de negación de su existencia.
Laura Guttman (7) reivindica una lactancia ‘salvaje’ y apela a lo instintivo dentro de nuestros cuerpos puesto que nuestra civilización y nuestra cultura niegan la libido materna; al no tener una cultura de la verdadera maternidad, tenemos que recurrir a nuestros cuerpos y sus pulsiones. Dejar aflorar nuestros rincones ancestralmente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Y dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes, dice Laura Guttman. Y añade más adelante ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo y contención.
Jean Liedloff en su libro El concepto del continuum, comenta la confianza que tenían las mujeres yequona en ellas mismas para saber lo que tenían que hacer con sus criaturas en todo momento, y que le daba vergüenza contarles que las mujeres de su país iban al pediatra para que les dijera lo que tenían que hacer con sus bebés.
Por eso es necesario crear poso; hacer cultura con los instintos maternales, una cultura de reconocimiento de la libido materna; y por ello es muy importante dar nombre y dar un nombre verdadero a todas las cosas prohibidas que han ido a parar al limbo de la inexistencia: para que cuando asomen por alguna fisura sepamos reconocerlas y reivindicarlas. Y así ir creando una cultura de la verdadera maternidad.
En nuestro mundo presente (semántica, hábitos, cultura en general), la maternidad ni siquiera se considera una etapa de la vida sexual de la mujer, ni un proceso sexual, sino una enfermedad a tratar por la medicina. La tarea es grande y urgente; sin ir más lejos son varios los estudios que relacionan la violencia in crescendo en nuestra sociedad con la falta de amor materno verdadero.
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LOS PICOS DE LA LIBIDO MATERNA
Michel Odent y otros han puesto de manifiesto la importancia de la impronta y la han analizado desde su punto de vista emocional y fisiológico. Leyendo a Michael Balint podemos entender la correlación entre la fisiología, la sexualidad y su huella o impronta en lo profundo de nuestra psique. No cabe la menor duda que el momento de la impronta es un momento álgido y al mismo tiempo frágil de nuestras vidas, de la regeneración y de la continuidad de la vida, que debiera ser especialmente protegido por el grupo humano.
En la naturaleza humana casi nada sucede bruscamente; los fenómenos son procesos, procesos que tienen sus propios ritmos. Si la impronta es una eclosión de amor con todas sus sustancias químicas, físicas y psíquicas que le son propias, también es cierto que no se resuelve ni desaparece de un día para otro. La impronta abre una etapa de simbiosis externa, de gestación externa. Nuestro cuerpo está preparado para seguir gestando, cuerpo con cuerpo, y está preparado física y emocionalmente para ello. Si nos dejasen abandonarnos a la impronta, nuestro cuerpo no podría deshacerse de esa impronta en poco tiempo, sino que prolongaríamos la fusión y el enamoramiento durante varios días y semanas: es la puesta a punto de la maternidad y de la gestación externa; después, madre y criatura, vuelven al mundo y sus quehaceres constituidas en díada, funcionando al unísono, con un mismo ritmo. No se trata de que la madre ‘cuida’ y ‘atiende’ a su criatura; se trata de que viven y funcionan juntos en simbiosis, como antes del parto, y durante toda la exterogestación.
Antiguamente se reconocía que la mujer recién parida entraba en una cuarentena, durante la cual las mujeres de su familia asumían todas las tareas y ocupaciones de la casa para que la recién madre pudiera vivir el periodo de amor intenso que se abre con la impronta. Durante ese mes y medio o dos meses, la mujer no hacía otra cosa que estar en la cama con la criatura, olvidada del mundo, abandonada al amor, poniendo en marcha la simbiosis con la criatura.
Los humanos somos una especie neoténica, que quiere decir que nacemos antes de terminar la gestación; no sólo sistemas enteros, incluso tejidos, como el óseo no han completado su formación. Podemos compararnos con otros mamíferos que nada más nacer se ponen en pie y andan por sí solos, cosa que la criatura humana no puede hacer porque su tejido óseo no ha terminado su formación; por lo tanto no puede vivir de forma autónoma, sino apegado a su madre, alimentado y transportado por ella. Por eso el primer año fuera del útero materno se le llama extero-gestación. Esa extero gestación requiere continuar la simbiosis con el cuerpo materno, esta vez en el exterior en lugar de en el interior. Por eso la líbido es tan importante, porque es la energía que asegura la atracción física suficiente y necesaria para el establecimiento y el mantenimiento de la simbiosis hasta el fin de la gestación.
Por eso aquí, en este proceso, muchas mujeres hemos sido alcanzadas por la fuerza del deseo materno; aquí es donde muchas mujeres descubrimos que la maternidad es algo muy distinto de lo que nos habían contado, que existe un placer sexual del que no teníamos noticia.
La cuarentena es un periodo de tránsito para asentar la nueva simbiosis, para que la mujer y la criatura re-organicen el ritmo y el pulso de sus cuerpos para que funcionen al unísono. Pues esto es lo que quiere decir la simbiosis: funcionar al unísono, como si fuera un solo cuerpo. Es una necesidad social, una exigencia perentoria el que el entorno de la madre asuma este periodo de la cuarentena. Después de parir una mujer tiene durante ese periodo de tiempo que olvidarse del mundo y entregarse al deseo, como una luna de miel.
Malinowski describe la práctica de la cuarentena (allí eran dos meses) entre los trobiands de Nueva Papúa Guinea, en la década de los 20 del siglo pasado. (8) Pero no hay que ir tan lejos. Todavía en América Latina, la cuarentena es una práctica muy habitual.
Trato de imaginarme cómo hubiera sido la experiencia y la vivencia de semejante cuarentena. Pasar del trance de la impronta –que ese sí lo he vivido- al abandono, al despliegue y desarrollo sin límitaciones del amor de la impronta. Creo que cualquier historia de amor de nuestra literatura más romántica sería comparativamente una minucia. De hecho, por eso está ahí la invención del Edipo. Posiblemente la cuarentena fuese la expresión más notable, la mayor evidencia del amor materno.
El Edipo y también el fenómeno conocido como ‘covada’ son como los negativos que nos permiten hacer la foto de la importancia de la cuarentena.
Entre otras cosas la cuarentena presuponían un colecho prácticamente exclusivo de la díada madre-criatura. El marido durante ese periodo renunciaba a sus derechos conyugales y la institución del matrimonio respetaba y reconocía que era un periodo en el que la mujer no tenía que atender al deseo del cónyuge, porque además se tenía que recuperar (de hecho si en algunos sitios en nuestro país hoy todavía se habla de la cuarentena, no es por la relación madre-criatura, sino para indicar que el matrimonio debe esperar ese tiempo para reanudar sus relaciones).
En los últimos tiempos, la ciencia, y concretamente la psicología y el psicoanálisis, han aportado su granito de arena al matricidio inventando el deseo incestuoso del bebé de hacer el coito con la madre, para así prohibir definitivamente y en nombre de la Razón y de la Ciencia, el cuerpo a cuerpo con la madre; paralelamente se establece la existencia del tánatos o de la maldad innata de la criatura humana y el llamado ‘narcisismo primario’ freudiano, según el cual nacemos con una pulsión de amor hacia nosotras mismas, egoístas de nacimiento, cuando lo cierto es que nacemos ‘enamoradas’ de nuestra madre.
El Edipo es la vuelta a la tortilla de la verdad más verdadera de la criatura humana, una negación un tanto surrealista y absurda de la condición humana.
Laing y otros como Joseph Vincent Marquès (9) que han abordado la envidia masculina de la maternidad, habían situado el fenómeno de la ‘covada’ como una expresión de dicha envidia. Se llama covada a la práctica del marido de meterse en la cama con la criatura recién nacida mientras que la mujer recién parida se pone a atender a las visitas y familiares, y a realizar las faenas domésticas y del campo. Victoria Sau (10) ha recogido diversos estudios que prueban que la covada no era solo una practica de la región cántabra de nuestro país, como se venía diciendo, sino que ha sido un fenómeno universal: el hombre se metía en la cama (en muchos sitios ¡cuarenta días!) con la criatura, mientras que la mujer atendía a las tareas y faenas del campo.
Más que la expresión de una mera envidia yo creo que la covada fue una manera de machacar la maternidad y de imponer la paternidad. La maternidad no era una cuestión de papeles ni de registro civil; era una evidencia material y física. Para establecer una homologación, dar credenciales a la institución de la paternidad tenía que hacer él la cuarentena. Entonces no había hospitales que anestesiasen a las madres y secuestrasen a las criaturas recién nacidas: se paría en casa y era prácticamente imposible suprimir la impronta; pero sí se podía suprimir la cuarentena para evitar el establecimiento y el asentamiento de la díada.
Como dice Irigaray, el amor maternal está fuera de nuestra imaginación, no lo podemos ni imaginar; solo podemos intuir algo en esos momentos de la impronta o de la lactancia en los que se desata la producción de la líbido.
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LA SEXUALIDAD UTERINA Y
LA LÍBIDO FEMENINA NO MATERNAL
La líbido femenina evidentemente no es exclusiva del ciclo maternal de la vida de la mujer y desde luego va más allá de las relaciones falocéntricas. Es un mundo muy desconocido pues precisamente vivimos en una sociedad que se ha construido eliminando dicha líbido. Antiguamente se manifestaba en todos los ámbitos y etapas de la vida de las mujeres. Es más, el desarrollo de la líbido y de la sexualidad desde la infancia eran la garantía de que las niñas de mayores tuvieran un útero vivo y palpitante y fueran unas buenas madres.
Por ejemplo, tenemos referencias de la imagen de la sirena, que representaba la voluptuosidad y sexualidad de las vírgenes, que no eran mujeres castas, sino mujeres sexualmente activas pero sin relaciones coitales con los hombres; la sirena (el pez en el neolítico europeo simbolizaba el útero -Marija Gimbutas-(11) ) es la imagen que representa la líbido femenina no materna y no falocéntrica, la sexualidad de las danzas del vientre; una sexualidad autoerótica practicada por las mujeres, por las niñas y por las muchachas jóvenes. La danza del vientre que ha llegado hasta nuestros días, es un vestigio de las danzas sexuales que practicaban de forma cotidiana las mujeres de la matria.
Se trata del placer que se origina con el movimiento del vientre, directamente en su interior, en el útero, y que se expande de dentro hacia fuera.
Los arqueólogos se hacen dos preguntas que no tienen respuesta desde la perspectiva de la sociedad nuestra actual: una es ¿por qué en el paleolítico se representaban figuras de mujer de manera generalizada y apenas de hombres?(Henri Delporte (12). Y la otra: ¿por qué en el neolítico la forma más representada es el útero? (Gimbutas (11) Sin embargo desde la perspectiva de la sociedad matrifocal, las preguntas no tienen ningún misterio. Como dice Bachofen, el papel del mutterlich y del muttertum en el grupo humano hace comprensible el realce de la madre. Lo mismo que la proliferación de formas y de representaciones del útero responde a la sexualidad espontánea de antes de la represión específica de la sexualidad de la mujer.
Hablar de la sexualidad de las vírgenes, de las danzas sexuales del vientre, de la sexualidad autoérotica compartida, y en general de la sexualidad no falocéntrica de las mujeres, requiere desde luego hablar de la sexualidad uterina.
El útero es el centro del esqueleto erógeno de la mujer. Los propios Masters y Johnsons (13) aseguran que en los orgasmos femeninos se producen contracciones del útero.
Nosotras preferimos decir que el orgasmo es el latido del útero.
El útero tiembla y palpita con la excitación sexual de la mujer.
La sexualidad uterina o cérvico-uterina ha sido estudiada por la sexóloga francesa Maryse de Choisy (13). Las mujeres tenían y tenemos una capacidad de hacer temblar y latir el útero entrando en procesos de excitación sexual sin ninguna caricia ni manipulación ni de la vagina ni del clítoris.
Hace unas semanas, en el programa de la televisión sobre sexo ‘Dos Rombos’, entró una llamada de una mujer para hacer una consulta. Explicó que era deportista y que al hacer abdominales se excitaba sexualmente y tenía orgasmos; quería saber si era ‘normal’. La presentadora del programa, supuestamente experta en sexología, le contestó que tenía mucha suerte, pero que desde luego “no era nada normal”. Después de colgar la presentadora debía de seguir dándole vueltas a lo insólito que le resultaba aquella información, y comentó que en otro programa había entrado una llamada de una mujer diciendo que cruzando las piernas y haciendo fuerza también se excitaba y obtenía placer sexual, sin ninguna de las manipulaciones manuales consideradas ‘normales’ de la masturbación femenina. Nos quedamos pensando en cuántas de estas consultas o informaciones le tendrían que llegar a esta experta en sexología, para empezar a atar cabos y a percatarse de la sexualidad uterina.
Esto es un ejemplo de hasta qué punto existe y es ignorada la sexualidad uterina de la mujer.
Porque en cambio, estos testimonios de las oyentes del programa televisivo, son perfectamente entendibles y coherentes con los resultados de las investigaciones de Maryse de Choisy sobre el orgasmo uterino o cérvico-uterino:
Un día, sin la ayuda de ninguna técnica, las chicas descubren ellas solas, que el gesto de apretar los muslos o las nalgas un poco más fuerte de lo habitual, les procura un orgasmo situado en alguna parte profunda de su interior.... (15)
El orgasmo femenino auténtico no se produce ni en el clítoris ni en la vagina. Tiene su origen en el cuello del útero... El orgasmo cérvico-uterino ... difiere radicalmente de todos los otros placeres en intensidad, en profundidad, en calidad, en ritmo sobre todo, en extensión. Es más difuso. Termina por abarcar el cuerpo entero. (16)
Maryse de Choisy a lo largo de diez años hizo un trabajo de recogida de información con un cuestionario a 194 mujeres, y concluye asegurando que la sexología oficial confunde el ‘orgasmo vaginal’ con el uterino, a menudo metiendo al segundo en el saco del primero. Como ejemplo de esta confusión cita a Maria Bonaparte, que utiliza el término de ‘mujeres ‘ultravaginales’:
La mujer con posibilidades orgásmicas vaginales, supera con frecuencia al hombre, ya que parece que estas mujeres ultra-vaginales son precisamente aquellas que tienen orgasmos con mayor facilidad e intensidad.
De Choisy se pregunta si esas mujeres ‘ultravaginales’ (con mayor facilidad para el orgasmo y con orgasmos de mayor intensidad) no serían posiblmente ‘uterinas’... así se explica lo de ‘ultra vaginales’ como una manera de expresar la diferencia con las ‘vaginales’ a secas. (Esto de adjetivar a las mujeres por el tipo de orgasmos que tienen, se puso de moda en los 70 y los 80, y habría que acabar con ella. Pero esta autora habla en estos términos y nosotras vamos siguiendo su razonamiento...) (17)
Otra prueba de esta confusión es la traducción que se viene haciendo, en los tratados sobre el tantrismo de la palabra ‘yoni’, que en sánscrito quiere decir literalmente ‘útero’; pues bien, en la mayoría de estos tratados, ‘yoni’ se traduce por ‘vagina’ que se presenta como el ‘organo sexual femenino’, y en paralelo al ‘lingam’, en sánscrito, ‘pene’, órgano sexual masculino. Al parecer los traductores o traductoras de los tratados sobre tantrismo, al no caberles en la cabeza que el útero es el órgano sexual femenino (como otros tampoco pudieron concebir que lo maternal pudiera ser un principio de organización social) resolvieron su dilema traduciendo ‘yoni’ por vagina.
Termina diciendo de Choisy que en esta confusión no solo hay una buena dosis de narcisismo masculino y de ignorancia femenina, sino que lo que pasa es que ‘las cervico uterinas’ no frecuentan las consultas de los sexólogos y psicoanalistas que son los que fabrican la ‘ciencia’ de la sexología. (18)
Esta observación de Maryse de Choisy nos recuerda aquello que decía Michel Odent sobre los ginecólogos de que no saben los que es un parto porque solo conocen los partos hospitalarios; entonces se establece una bagaje de experimentación ‘científica’ con un error de base. Las ciencias experimentales que se establecen sobre una situación devastada tomada por original y natural, lo que hacen es apuntalar, mantener y reproducir la situación de devastación.
En definitiva que la sexualidad ‘oficial’ y ‘científica’ no sabe nada de la verdadera sexualidad de la mujer. Como dice de Choisy, Freud llegó a reconocer esta ignorancia cuando habló del ‘continente negro inexplorado’, de algo oscuro, remoto, ‘que no podía captar analíticamente por haber sufrido una represión particularmente inexorable’.
Volviendo a las sirenas... Si tratamos de nadar con las piernas juntas y sin doblar las rodillas, comprobaremos que solo nos podemos impulsar con un movimiento de la pelvis, como una danza del vientre dentro del agua; y el estilo de natación que resulta se asemeja a la forma de nadar de los delfines, lo que explica por qué las paredes del palacio cretense de Cnossos están decoradas con delfines y éstos estén considerados como una representación de la femeneidad.
Para suprimir las danzas del útero hubo que modificar muchas cosas, entre otras la forma de vida a ras de suelo; porque la posición en la que se vive y se hacen la mayoría de las tareas y trabajos cotidianos, todavía hoy en algunos países o regiones no occidentalizadas, es en cuclillas y con las piernas abiertas. Esto se puede comprobar en muchos documentales, en donde vemos a las mujeres, con sus amplias faldas o pantalones anchos en cuclillas, con el sacro casi a ras de suelo, las rodillas a la altura de los pechos. En esta postura los músculos pélvicos se abren, el útero desciende. Vivir así todo el día, levantarse y agacharse continuamente, es incompatible con la rigidez uterina que dice Reich. Para paralizar y arrinconar el útero, hay que sentarse en alto y con las piernas juntas, para mantener el útero contraído y sin posibilidad de moverse.
Comprender lo que es el útero, la caja de resonancia del placer, una bolsa de tejido muscular que late como un corazón; entender cómo funciona, extendiendo sus fibras en cada latido, abriendo su boca rítmicamente, al tiempo que extiende el placer, hace comprensibles los partos orgásmicos y placenteros que han estudiado diversos investigadores como Juan Merelo Barberá, Serrano Vicens, etc. (19); asi como los relatos de antropólogos y viajeros como Bartolomé de las Casas (20) que aseguraba que las mujeres indígenas del Caribe parían ‘prácticamente sin dolor’. Reich también sitúa en el tiempo -concretamente dice ‘desde hace siglos’- el útero contraído y espástico, que se contrae espasmódicamente produciendo el conocido dolor del calambre (los dolores de la dilatación) (21), y no como algo perteneciente a la anatomía del cuerpo femenino. Frederick Leboyer habla también del útero que se abre suavemente casi con dulzura... poco a poco, caminando hacia el éxtasis, a diferencia del útero crispado que se contrae en bloque, sin conseguir aflojarse del todo, produciendo dolorosos calambres (22).
Vestigios de la sexualidad no reglamentada los tenemos también en la existencia de las hetairas que desde nuestra perspectiva se las ha calificado a menudo de ‘prostitutas’; como explica Maryse de Choisy, tenemos también de ellas referencias literarias e históricas; las hetairas amaban a sus ‘próximos’ (luego el cristianismo tendrá que espiritualizar aquella práctica con el ‘amor al próximo’ no corporal, y en general, inventar el amor no corporal), y se abandonaban al primero que llegaba, para expiar el mal de la monogamia, que empezó a hacer sus primeras apariciones en las sociedades ginecocráticas que existieron en la transición al patriarcado. Pues aunque pueda parecer raro, en aquella época de sexualidad espontánea no sometida a reglamentación, el matrimonio monogámico era considerado un pacto mercenario contra natura y una aberración sexual.
El cambio de la sexualidad espontánea a su estricta normativización, obliga a invertir lo que se considera bueno y beneficioso, y lo que se considera malo y nocivo para la organización social. Como dicen Bachofen y de Choisy, el tránsito de la matrística al Patriarcado, no pudo producirse sin un fuerte cambio de moral.
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¿QUÉ ES LA LIBIDO?
¿Qué es la líbido? La líbido es el deseo de placer propio y ajeno, inducido por otros u otras, o por el funcionamiento del propio organismo; este deseo es un fenómeno que se produce en nuestro interior, se irradia por nuestro cuerpo y se derrama hacia fuera. Es el principio inmanente de nuestra vida en el sentido de que ‘anima’ la vitalidad de nuestro cuerpo.
El placer es una corriente o un temblor que pasa de una célula a otra, recorre nuestros órganos, la piel, abarcando todo el sistema nervioso.
El deseo de placer tiene una función biológica de regulación de nuestros órganos, de nuestras células, de nuestros sistemas y de todo nuestro cuerpo; esta función se realiza precisamente cuando la corriente de placer recorre nuestro cuerpo. Tendríamos que pensar que si el placer se produce en nuestro cuerpo, como todo lo que en él ocurre, es porque tiene su sentido y su función en la organización corporal...
El ‘des-ánimo’ se produce cuando hay falta de líbido o cuando la energía libidinal está bajo mínimos.
El placer induce el deseo de complacer, por eso, cuando el amor no está demasiado corrompido por el sadomasoquismo, van casi siempre juntos. La líbido ha sido calumniada por nuestra cultura, y se la llamado lascivia; las mujeres libidinosas, permanentemente produciendo líbido, eran mujeres con una sexualidad desinhibida y por tanto pecadoras y malas madres. Esta es la mayor mentira, porque la líbido busca el complacer, y la líbido o pulsión sexual de la maternidad produce el ‘ama’ (am en sánscrito y en sumerio significa ‘juntar’, y la simbiosis o ayuntamiento básico de la díada madre-criatura, por eso en las lenguas pre-indoeuropeas, directamente entroncadas en la matrística, ‘ama’ significa ‘madre’: en euskera, etrusco, minoico, ibero-tarteso, moso...).
Y luego está lo que Balint cuenta del ‘amaeru’ japonés (23): existe en japonés una palabra muy simple de uso cotidiano, ‘amaeru’, un verbo intransitivo que significa ‘desear o esperar ser amado’ en el sentido del amor primario. Amae es el sustantivo derivado de ese verbo, en tanto que el adjetivo amai significa ‘dulce’.
En castellano tenemos la ‘com-placencia’, el placer-con, que tampoco está mal.
La líbido produce el amor maternal; el deseo de complacer y de bienestar de la criatura que se realiza con el propio placer de la madre. Como dice Bachofen esto nos hace comprender ‘el realce de la madre’ en la producción de imágenes de la cultura pre-patriarcal, que se deben a ese ‘realce’ o importancia relevante que tenía el muttertum y el mutterlich para todo el grupo, y no a cultos a supuestas diosas.
La líbido presupone una sexualidad desinhibida, por eso a veces se confunden; pero aunque son inmediatas la una con respecto a la otra, no son exactamente lo mismo: la líbido es el deseo, el ánimo, el impulso o pulsión; la sexualidad es la vivencia corporal del placer. Por ejemplo, en nuestro mundo se produce líbido que se reprime y no se traduce en vivencia de sexualidad; hay líbido sin sexualidad; lo que pasa es que cuando a la producción libidinal no le sigue la vivencia de la sexualidad, la líbido también se estanca y deja de producirse. La líbido es lo que promueve la sexualidad.
Como no se podía negar la condición bondadosa y benefactora del ‘amor’, lo que se hace es espiritualizarlo, desligándolo de la líbido, de las pulsiones sexuales; y vinculándolo a un ‘ánima’ de condición supuestamente no corpórea.
La sustitución de la pulsión corporal que anima nuestra vida por el alma espiritual portadora de unos imperativos sobre-naturales o no naturales, es el surgimiento artificioso y manipulador de todas las técnicas, rituales y creencias encaminadas a propiciar la sublimación del deseo y la contención de la líbido; sublimación y contención que nos desconecta con nuestro propio cuerpo.
Una de las características de la persona patriarcal es que tiene la mente desconectada del cuerpo, porque nuestras mentes se han construido a contracorriente del cuerpo y como si fueran algo ajeno y diferenciado del cuerpo; como si la mente fuera un ente autónomo con respecto del cuerpo, que le vigila y ordena; y por eso, en general, la falta de conciencia de lo que pasa en nuestro cuerpo: no sabemos qué somos y qué nos pasa.
La idealización o sublimación de la líbido es el proceso por el cual se corta el impulso del deseo de placer que es consustancial a ‘la carne’ humana.
Es el mecanismo milenario de corrupción del amor.
Y con la espiritualización, no sólo se anula el deseo de placer sino también el de complacer. Y esto es muy importante para el ‘amaeru’ , para la maternidad.
El concepto de ‘sexualidad’ es relativamente reciente, tiene poco más de 100 años de existencia. Antes de llamarla así, desde luego que se conocía su existencia; sin ir más lejos la Iglesia la llamaba directamente ‘la carne’, ‘el pecado de la carne’ (los enemigos del alma son tres: mundo, demonio y carne, decía el Catecismo del Padre Ripalda): hasta ese punto se reconocía lo inseparable del cuerpo humano de sus pulsiones sexuales. Entonces había que considerar a todo nuestro cuerpo lascivo y pecaminoso, en razón de sus pulsiones sexuales. No obstante, ‘la carne’ era pecaminosa pero era una realidad conocida y admitida, y sus pulsiones indefinidas, más libres y espontáneas que lo son actualmente.
A partir del racionalismo y del siglo XVIII, cuando la Ciencia se convierte en una nueva religión, se inició otra modalidad del proceso de sublimación: separar nuestro cuerpo de sus pulsiones; es decir, se acepta el ‘cuerpo’ (nuestro ‘cuerpo’ es bueno y santo, etc.) pero no sus pulsiones, lo que supone crear en nuestra mente una idea falsa de nuestro cuerpo; es decir, un cuerpo sin líbido y con el ánima sustituida por una supuesta ‘ánima’ independiente del cuerpo, que reemplaza el impulso de la líbido por las órdenes de la moral vigente que reprimen todo lo que no debe ser, y establecen cuándo, cómo y cuánto puede ser.
Obviamente los mecanismos de represión y de sublimación de la libido se tienen que poner en marcha desde la etapa primal de la criatura humana, para crecer con el cuerpo acorazado y perdido el contacto con sus pulsiones; el acorazamiento psíquico y muscular se hace cada vez que mentalmente negamos las pulsiones sexuales de nuestro cuerpo y nos obligamos a nosotr@s mism@s a rechazar el deseo de placer.
El tabú del sexo y del incesto (el Edipo) prohibe, a la vez, la sexualidad de la infancia y la sexualidad de la maternidad. Así se cierra el ciclo: las madres libidinalmente asépticas, dejan de com-placer con las criaturas y se convierten en madres patriarcales, en sucedáneos de madres, capaces de reprimir los deseos de las criaturas, y de administrarles las más sutiles de las torturas, y además de hacerlo de forma sistemática y cotidiana; asegurando la represión de la sexualidad de sus propi@s hij@s..
La líbido no es una energía cósmica abstracta o indefinida; es una energía específica que se produce en nuestro cuerpo y mana de él.
Es cierto que todo es materia y/o energía; pero no todas las materias y las energías son iguales, ni producen fenómenos iguales. No es lo mismo el agua de un río que la ventana de mi casa, y ambas son materia. No es la misma energía la que nos llega con los rayos solares que la energía sexual de nuestras vísceras. Diluir la líbido femenina en la energía general del cosmos, o indiferenciar la líbido femenina dentro de la energía en general, es otra forma de sublimarla.
Esta estrategia tiene una apariencia científica porque se apoya en una verdad: que la líbido femenina forma parte de toda la energía del Universo; pero de la misma manera en que una célula de mi mano forma parte también del Universo. Y de lo que se trata en concreto es de la función específica de mi mano con respecto a mi cuerpo y a mi entorno social; función diseñada filogenéticamente para la conservación y bienestar del género humano, pero que ahora, pura casualidad, nadie quiere que realice; no la función de la mano, sino la de la líbido. Por eso no creo que sea casualidad, ni cosa inocente alguna, la actual moda de diluir la líbido femenina en la energía general del Universo.
Lo que en algunos sitios se llama ‘energía femenina’, ‘fuerza femenina’ o ‘poder femenino’ no es una energía cósmica general cualquiera que se ‘feminizase’ al penetrar, o que estuviera, en el cuerpo de una mujer; en realidad creo que a lo que algunos se quieren referir, y lo que otros quieren encubrir con esos términos, es la energía libidinal femenina. La confusión puede estar también originada por la traducción del ‘power’ inglés (esta tendencia sublimatoria procede del mundo anglosajón) que puede ser ‘energía’, ‘fuerza’ o ‘poder’. Pero esta confusión debe deshacerse porque la líbido tiene que reconocerse, diferenciarse, llamarse, decirse, conceptualizarse; es imprescindible para el presente y futuro desarrollo de la humanidad. En este sentido, Jung con su insistencia en la condición de la líbido como parte de la energía cósmica general, nos ha hecho un flaco servicio, facilitando las nuevas religiones y estrategias de sublimación.
Hay que bajar de los cielos estelares a nuestros cuerpos y contemplar la energía libidinal que se reconoce por su función: la pasión visceral que produce. Esta pasión no puede tolerar por ejemplo el sufrimiento del ser deseado; no puede ser engañada y consentir, por ejemplo, el llanto de un bebé; en cambio la líbido sublimada o espiritualizada, sí puede consentirlo (‘por su propio bien’). Esta es la ‘prueba del algodón’ para saber si mi ‘amor’ hacia el bebé es de verdad o está pervertido por la patología de la sublimación; con esta ‘prueba’ no hay posibilidad de confusión.
La líbido femenina es la líbido básica de la vida humana en un doble sentido: en el sentido de que es la que permite el crecimiento de la criatura humana con su gran carga o catexia libidinal inicial; y en el sentido de que vertebra las relaciones sociales, las estructuras de parentesco de los más próximos. Es la energía humana más fuerte, como decían los chamanes, la gran fuerza de las mujeres que se condensa en su matriz o útero (Los Pases Mágicos de Carlos Castaneda).
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LO QUE SE PUEDE HACER DESDE EL ESTADO ACTUAL DE LA MATERNIDAD
(La maternidad vista como un río: Laura Guttman)
Hace poco tuvo lugar el famoso debate en el Congreso de los Diputados sobre el Estado de la Nación. Y comentábamos algunas amigas que lo que en verdad haría falta es un debate sobre EL ESTADO DE LA MATERNIDAD, pues este estado actual en el que se encuentra la maternidad está condicionando a la humanidad más que la mismísima economía.
Si decimos que la libido es la energía que regula la maternidad, y que la maternidad es una etapa de la vida sexual de la mujer, lógicamente todo lo que hagamos debe ir en la perspectiva de recuperar nuestros cuerpos y su libido. Porque pese a toda la cultura matricida, a todas las corazas y a todas las mentiras, nuestros cuerpos siguen estando ahí con su capacidad de amar, de producir y sentir placer. Como decíamos en otra ocasión, en la sombra de la cultura el vientre todavía palpita.
Desde la perspectiva de la libido, hay seis puntos, seis palabras claves entorno a las cuales trabajar:
1) UTERO
Tenemos todo un trabajo por delante de informar y explicar qué es nuestro útero, cómo funciona, cual es su función en nuestro cuerpo; ejercitar la concentración y la visualización del útero; sentir su latido en los momentos de placer; recuperar las costumbres, los espacios de las danzas del vientre y del vivir en cuclillas. Si lo pensamos un poco, tampoco es tan difícil. Sobre todo las que tengamos hijas pequeñas, para que ellas vayan creciendo con el útero suelto.
También hay que llevar a los foros de sexología y allí donde se trabaja la sexualidad, la información de la sexualidad uterina.
2) OMS
Se trata de reivindicar las recomendaciones de la OMS sobre el parto, ya que estas son un buen punto de referencia frente a la mayoría de los protocolos hospitalarios. En el estado actual de la maternidad y de la sexualidad de la mujer no podemos todavía esperar una gestación y un parto placenteros; pero es muy importante luchar por un parto lo menos traumático posible. El parto traumático es consustancial al estado del útero, como decía Wilhem Reich (21), pero mientras que el estado del útero no cambie, tenemos que trabajar para suavizar al máximo posible las consecuencias en el parto de la rigidez uterina y no seguir las pautas ginecológicas que, tomando el parto traumático como el único posible, lo mantienen y lo reproducen.
3) IMPRONTA-PLACENTA
Desde el punto de vista de la líbido, la impronta es un momento clave de la maternidad; un momento propicio para enderezar el proceso después de un parto traumático. Hay que informar sobre la necesidad de proteger de manera específica el momento de la impronta; de ese momento depende en gran medida el desarrollo posterior de la relación madre-criatura; hay que informar de por qué hay que respetar el proceso natural de expulsión de la placenta y preparar su ingestión; pues se han realizado estudios que explican que la placenta contiene sustancias que propician el fenómeno de la impronta.
4) CUARENTENA
Como decíamos en el punto 4 de este escrito, la cuarentena es importante para el desarrollo de la impronta y la puesta en marcha de la maternidad simbiótica. Es preciso extender la información sobre su función y su necesidad, para que los entornos de las futuras madres se preparen para ‘regalarla’ la cuarentena (en lugar de regalos consumistas de la industria materno-infantil).
Sabemos en qué mundo vivimos; pero es preciso entender y asumir las prioridades que tienen que ver con el mantenimiento de la vida y del bienestar básico humano.
5) COLECHO
Dice Laura Guttman en el folleto La Lactancia salvaje (7) que las mujeres tendríamos que dar de mamar a nuestras criaturas desnudas, para vivir el cuerpo a cuerpo y la piel con piel. Las matronas del Reino Unido también recomiendan el ‘skin to skin’. Hay un gran desconocimiento sobre el colecho; por ejemplo se desconoce que UNICEF lo recomienda. Esto puede ser muy importante para combatir los miedos inculcados sobre los supuestos grandes males que le pueden acaecer a la criatura si duerme con la madre (se caerá de la cama, la aplastaré, crearé una criatura psicótica con una fijación a mi cuerpo, luego nunca querrá dormir sola, la relación con mi pareja se va echar a perder, etc.)
6) PAÑUELO
Recuperar la maternidad, el cuerpo a cuerpo de la exterogestación será imposible si no recuperamos el hábito de llevar a las criaturas colgadas siempre, y recuperamos el hábito de hacer todas las cosas con las criaturas colgadas. No hay vuelta de hoja, no hay otra alternativa, no hay otra posible maternidad verdadera. Todo pasa por recuperar este hábito. En lugar de talleres de macramé o de lo que sea, talleres para llevar bebitos y bebitas colgados (pueden ser muñecos de un peso equivalente) y fregar platos, teclear el ordenador, leer, tender ropa, escribir, hablar por teléfono, cocinar, clavar clavos, arreglar una persiana, hacer la compra, lijar madera, pintar las paredes, hacer cemento, cavar la tierra, regar, andar, viajar, comer, en fin todo con la criatura colgada.
Dice Laura Guttman en el citado folleto (7), que las criaturas deberían ser cargadas por la madre todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. (subrayado de ella); y añade: La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en el moisés o en el cochecito o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir; si se le bloquea, desvía su caudal.
.............
Que el río de la madre no pare de fluir y no se desvíe; así tenemos que ver la maternidad, como un proceso, como un fluir de la libido; si en un momento la cosa ha ido mal, aprovechar el siguiente empujón de la madre naturaleza para encauzar el flujo energético. No hay que sentir culpa alguna por lo que hemos hecho ‘mal’; no es culpa nuestra (es ‘culpa’ de la cultura y los hábitos sociales que mantienen el estado actual de la maternidad); y además no hay que sentir culpa porque la madre naturaleza nos ofrece SIEMPRE, SIEMPRE la posibilidad de desbloquear la relación con la criatura, de abrir las compuertas y dejar fluir el río de libido que nace de nuestros cuerpos.
NOTAS
(1) En los comienzos de la historia, la vida sexual humana seguía leyes naturales que ponían los fundamentos de una sociabilidad natural. Desde entonces, el período del patriarcado autoritario de los 4 mil a 6 mil últimos años, ha creado, con la energía de la sexualidad natural reprimida, la sexualidad secundaria, perversa, del hombre de hoy.
La estructura caracterológica del hombre actual (que está perpetuando una cultura patriarcal y autoritaria de hace 4 a 6 mil años atrás) se caracteriza por un acorazamiento contra la naturaleza dentro de sí mismo y contra la miseria social que le rodea. Este acorazamiento del carácter es la base de la soledad, el desamparo, el insaciable deseo de autoridad, del miedo, de la angustia mística, de la miseria sexual, de la rebelión impotente así como de una resignación artificial y patológica. Los seres humanos han adoptado una actitud hostil a lo que está vivo dentro de sí mismos, de lo cual se han alejado. Esta enajenación no tiene un origen biológico, sino social y económico. No se encuentra en la historia humana antes del desarrollo del orden social patriarcal. (...)Pag 16
Wilhem Reich La Función del Orgasmo Ed. Paidos
Y en la La Psicología de masas del fascismo , dice:
El mutterrecht (sociedad basada en el derecho de madre), cuya existencia histórica ha sido probada, no representa solamente la organización de la democracia natural del trabajo, sino también la organización natural de la sociedad que obedece a los imperativos de la economía sexual. (pag 119)
La Iglesia ha extendido... la tesis de la ‘naturaleza metafísicamente moral del hombre, de su esencia monógama, etc. Por este motivo, los descubrimientos de Bachofen amenazaban con trastornarlo todo. No sólo resulta desconcertante la organización sexual del mutterrecht, por una organización diferente de la consaguineidad, sino también por el efecto autorregulador natural que imprimía a la vida sexual. Hasta Morgan, y después de él, Engels, nadie había reconocido su auténtico fundamento que era la ausencia de propiedad privada de los medios de producción social. (Pag. 120)
(2) Las mujeres de varias generaciones se aúnan en la tarea común de dar y conservar la vida, y establecen el ginecogrupo, estructura más amplia que vincula a una pluralidad de personas. El ginecogrupo –y no la pareja heterosexual- es la primera forma de organización humana, original y universal. Esto significa que no es un tipo de organización cualquiera, sino la primera formación grupal que permite la consolidación de la especie en el tiempo, y que se estructura a partir de exigencias específicamente humanas, es decir culturales y no instintivas... El vínculo original diádico mujer/criatura se expande al agregarse otras mujeres en estado de gestación-crianza, y las que habían pasado por esas etapas... para ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida. Una misma circunstancia las aúna, y el conocimiento compartido permite que cristalice la solidaridad entre ellas... los lazos que establece la cópulaen la época arcaica son momentáneos e inestables, y no parecen haber sido un elemento fundacional del grupo... Pags.65-66
(...)
Causará, sin duda sorpresa enterarse de que durante milenios las hijas
de un hombre hayan sido las dadas a luz por sus hermanas, y no las
engendradas por él. Sin embargo, esta noción es muy coherente en un sistema de identidad grupal en el que, además, existe una sexualidad libre (aunque controlada) tanto para la mujer como para el hombre. La paternidad, concepto social y no biológico, alude a una relación absolutamente diferente de la maternidad. La evolución de esta relaci´n es la historia de la opresión de la mujer... Pag. 77
(...)
La palabra ‘familia’ nombra a un conjunto de personas (parientes, criados y esclavos) reunidas en una relación de posesión/opresión con respecto a un hombre. Como realidad sociales muy reciente ya que cuenta con unos mil quinientos años. El ’matrimonio’ es un vínculo legal que se establece cuando un hombre entrega a un mujer (su posesión) a otro hombre (su posesión). Por ello ninguno de los dos términos sirve para caracterizar las relaciones grupales ni las individuales que enlazan a las mujeres y hombres del ginecogrupo... Pag.83
Martha Moia El no de las niñas laSal Ed. Des Dones, Barna 1981
(3) Los moso son el único pueblo del mundo que consideran el matrimonio como un ataque a la familia... En un hogar moso solo las mujeres cuentan con habitación propia... se supone que los hombres adultos pasan la noche con sus amantes... Si bien tanto la mujer como el hombre son libres de elegir a sus amantes y mantener relaciones sexuales el tiempo que deseen, lo que una mujer y su ‘amigo’ (azhu) hagan en la intimidad del cuarto de ella pertenece siempre al terreno de la discreción individual. Si los miembros de una pareja deciden hacer pública su relación, podrán pasar tiempo juntos con los parientes respectivos... (pero) en ningún caso supone el intercambio de votos ni de propiedad, el cuidado de los hijos ni las expectativas de fidelidad... Cuando en los años cincuenta los funcionarios chinos toparon por primera vez con los moso, quedaron atónitos ante sus relaciones, tanto por el número de mujeres y hombres que afirmaban haberlas mantenido como por la absoluta falta de inhibición que mostraba la gente... Pags 314-316
El protocolo social moso pone el énfasis en la importancia de la edad sobre el sexo y exige, por tanto, la deferencia de todos los miembros de la comunidad hacia las personas mayores sin distinción una anciana que sea ‘dabu’ (‘cabeza de familia) ejerce una autoridad excesiva sobre sus familiares. En términos ideales las familias moso constituyen unidades democráticas donde se supone que todos los parientes participan en la toma de decisiones... la división del trabajo y la religión se ajustan a la norma general de segregación entre las mujeres y sus hermanos y pueden verse como papeles complementarios más que jerárquicos... En cualquier caso, lo que no tiene discusión es que sociedad moso no está gobernada por mujeres como divulgan siempre los medios de comunicación... Está claro que en la familia moso el vículo maternal determina los lazos de sangre, pero esto no hace de ésta una sociedad matriarcal sino matrilineal.(negrita nuestra) Pags.317-318
Yang Erche Namu y Christine Mathieu La Tierra de las Mujeres Lumen, Barcelona 2003:
(4) Para evitar toda posible mala interpretación, deseo hacer notar que llamar a mi teoría ‘amor primario’ no significa que yo piense que el sadismo o el odio no tienen un lugar en la vida humana o que sean desdeñables. Por otro lado creo que estos sentimientos son fenómenos secundarios, consecuencias de inevitables frustraciones... (pag.84)
Según la teoría del narcisismo primario, el individuo nace teniendo apenas relación con su ambiente, o ninguna relación en absoluto....(sin embargo) atendiendo a los hechos biológicos, sabemos que la dependencia del feto respecto de su ambiente es extrema, ciertamente más intensa que la dependencia de un infante o de un adulto... Llegamos a la hipótesis de que la catexia del ambiente por el feto debe ser muy intensa, más intensa que la de un niño o la de un adulto. El ambiente, sin embargo, probablemente esté indiferenciado... apenas debe tener alguna estructura y menos aun claras fronteras con el individuo; ambiente e individuo penetran el uno en el otro, existen juntos en una 'interpenetración armoniosa'. Un importante ejemplo de esta interpenetración armoniosa es el pez en el agua (uno de los símbolos más arcaicos y más ampliamente empleados). Sería tonto preguntar si el agua que está en las agallas o en la boca del animal es parte del mar o del pez...(pags84-85)
La relación que trata de designar la expresión 'dependencia oral', no es una dependencia unilateral, sino que es una 'interdependencia'; libidinalmente, la madre depende en la misma medida de su bebé en que éste depende de ella; aquí no se da una determinada satisfacción independientemente de la otra parte. (pag. 194)
Sobre la ‘falta básica’ de la psique, producida por la ausencia de madre:
¿Por qué 'falta'? Primero, porque ésta es exactamente la palabra usada por muchos pacientes para designarla. El paciente dice que le falta algo en su interior, una falta que debe ser reparada. Y se la siente como una falta, no como un complejo, no como un conflicto, no como una situación. Segundo, los pacientes tienen una sensación de que la causa de la falta está en que alguien les falló o los descuidó; y tercero, una gran ansiedad invariablemente alienta en este nivel, ansiedad habitualmente expresada como una desesperada demanda de que esta vez el analista no habrá de fallarles.(sub.míos)
El término equivalente 'falla' se emplea en algunas ciencias para denotar deficiencias que recuerdan el punto que estamos discutiendo. Por ejemplo, en geología y en cristalografía la palabra designa una súbita irregularidad en la estructura general, una irregularidad que en circunstancias normales podría pasar inadvertida pero que, mediando ciertas tensiones o presiones, puede determinar una rotura que afecte profundamente la estructura general.
Estamos acostumbrados a concebir toda fuerza dinámica que opera en la psique como algo que asume la forma de una pulsión biológica, o bien la forma de un conflicto. Aunque altamente dinámica (sub.mío), la fuerza que tiene su origen en la falta básica no asume la forma de un instinto ni la de un conflicto. Se trata de una falta, algo que falla en la psique, una especie de deficiencia que es menester reparar. No es algo contenido como por un dique que necesite una válvula de escape, sino que es algo que el paciente echa de menos ahora, o quizá haya echado de menos durante toda su vida.
(...)
El adjetivo 'básico'... significa no sólo que se refiere a condiciones más simples que las que caracterizan el complejo de Edipo, sino también que su influencia se extiende ampliamente, y es probable que se extienda a toda la estructura psicobiológica del individuo y que abarque en varios grados tanto su psique como su cuerpo. (subrayado mío) (pags 34-35)
Todos estos hechos pertenecen esencialmente al campo de la psicología de dos personas y son más elementales que los correspondientes al nivel edípico de tres personas. Además les falta la estructura de un conflicto. Esta es una de las razones por las cuales propuse llamarlos 'básicos'. (pag. 34)
Michael Balint La Falta Básica Paidos Barna 1979
(5) Lea Melandri La Infamia Originaria Ed. Ricou, Barna 1980 pags 114-117
(6) Luce Irigaray El cuerpo a cuerpo con la madre, laSal ediciones des Dones
¿Dónde quedan para nosotras, lo imaginario y lo simbólico dela vida intrauterina y del primer cuerpo a cuerpo con la madre? ¿En qué noche, en qué locura quedan abandonados?... Deseo loco esta relación con la madre, ya que constituye el ‘continente negro’ por excelencia. Permanece en la sombra de nuestra cultura, es su sombra y sus infiernos... Pags 11 y 7
(7) Laura Guttman La lactancia salvaje (texto bajado de internet)
(8) Bronislaw Malinowski The sexual life of savages in North-western Melanesia Beacon Press, Boston 1987 (1ª publicación 1929)
(9) J.V.Marquès: La importancia de ser importante Conferencia impartida en la Facultad de Sociología, Somosaguas UCM, en las jornadas organizadas por la Asociación Antipatriarcal sobre La Condición Masculina.
(10) Victoria Sau Reflexiones feministas Ed. Horas y horas, Madrid 2000. Pags. 12-15
(11) Marija Gimbutas, Gods and Goddesses of Ancient Europe California Press, 1992
(12) Henri Delporte La imágen de la mujer en el arte Preshistórico Ed.Istmo, 1982
(13) Masters,W. y Johnsons,V. Human SexualResponse Intermédica.México 1978
(14) Maryse de Choisy La guerre des sexes, Publications Premiers 1979
(15) Ibidem pag. 43
(16) Ibidem pag. 47
(17) Ibidem pag. 39
(18) Ibidem pag. 49
(19) Juan Merelo Barberá Parirás con Placer Kairós Barcelona 1980
El orgasmo en el parto es un hecho corriente y no es insólito ni raro en la naturaleza de la mujer, que puede ser fácilmente inducida a obtenerlo si se despejan de su mente culturizada todos los obstáculos que la sociedad machista ha interpuesto para que no lo consiga, y si no interrumpen el proceso los médicos formados para impedir la expansión erótica femenina -origen de la ginecología o ciencia de la mujer-.
(20) Bartolomé de las Casas Historia de las Indias FCE 1986 (1ª publicación Zaragoza 1552)
(21) Wilhem Reich Correspondencia con A.S. Neill editada por la ESTER (Valencia) También en Reich habla de Freud, Ed. Anagrama
(22) Frederick Leboyer: El Parto: crónica de un viaje Ed. Altafulla:
¿Qué hace sufrir a la mujer que da a luz?...
La mujer sufre debido a las contracciones...
Unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz
¡pero eso son calambres!
Todo lo contrario de las ’contracciones adecuadas’....
Lo que hasta ahora se había tomado por ‘contracciones adecuadas’
eran contracciones altamente patológicas
y de la peor calidad,
¡Qué sorpresa!
¡Qué revelación!
¡Qué revolución en ciernes!
....
En vez de contraerse ‘en bloque y brutalmente’,
el útero lo hace lenta, progresivamente y casi con dulzura
cuando la contracción llega a su punto límite
observamos cómo, después de una pausa que, aun siendo breve,
no deja de ser muy nítida, el útero se relaja,
y lo hace con la misma lentitud extrema, la misma progresividad.
con una nueva pausa en total reposo.
Esta lentitud, que sólo tiene parangón en los movimientos
voluntariamente lentos del tai-chi-chuan, determina
que las contracciones, vistas en conjunto, se asemejen a la respiración
lenta, profunda y completamente sosegada de un niño
cuando duerme y disfruta de un reposo sin par.
....
Los primeros planos que muestran el vientre de la mujer
no dejan lugar a dudas en cuanto a la realidad de estas contracciones.
A su vez, los primeros planos de su cara
mientras sigue avanzando en ‘su trabajo’
expresan con elocuencia que,
esa joven mujer, en lugar de ‘retorcerse de dolor’
avanza lentamente hacia el ‘éxtasis’.
(23) Michael Balint Ibidem pag.87 |