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EN
LA SOMBRA DE LA CULTURA, EL VIENTRE TODAVIA PALPITA
Casilda Rodrigáñez Bustos
La mujer se encuentra desde el principio sin una forma propia de existir,
como si el existir de la mujer se hallase ya incluido en una forma de existencia
que la niegan en cuanto a mujer.... Esta negación de sí misma
es interiorizada a niveles tan profundos que es como si las
mujeres, a lo largo de toda su historia no hiciesen más que repetir
esta experiencia de autodestrucción.
(Lea Melandri - subrayado
mío)
Aquí
estamos de nuevo reflexionando en voz alta, compartiendo inquietudes
y sentimientos... Estas notas, escritas sobre la marcha, tienen
como objetivo plantear lo que coloquialmente llamamos 'la pregunta
del millón', es decir, la pregunta que se suscita al reivindicar
una maternidad entrañable y no patriarcal: "Bueno, todo esto
está muy bien en la teoría, pero en la realidad cotidiana de esta
sociedad y de este mundo, ¿cómo se puede realizar una maternidad
así?"
La
gente joven que se interesa por vivir lo más armónica y saludablemente
posible, tiene genuinos y profundos deseos de no repetir los descalabros
de la maternidad y de la familia patriarcal. Se identifica con
nuestros análisis críticos y reivindicativos, pero expresan las
dificultades para el cambio que se propone.
Hay cuatro temas que salen reiteradamente como dificultades de diversa índole;
son 1) la cuestión del parto propiamente dicha; 2) la cuestión de
la pareja y del padre; 3) la falta de tejido social de ayuda mutua
entre mujeres; 4) la incompatibilidad del trabajo (asalariado) de
la mujer que quiere ser madre. Todos ellos están relacionados
entre sí y es muy difícil tratarlos por separado; en los debates
y discusiones siempre salen unas situaciones concretas en las que
todo está interrelacionado. Voy a intentar escribir algo sobre
todo ello, para promover su reflexión y este debate. Hay que decir
que las situaciones de partida suelen ser el dato más importante
para decidir la solución mejor en cada caso; el mal menor para
la madre y la criatura, lo prioritario en cada situación.
1)
¿Qué podemos hacer para parir con placer en vez de parir con
dolor; para que la criatura nazca sin sufrimiento, sin trauma?
Una vez que sabemos que el nacimiento y el parto gozosos y sanos, NO dependen
de los médicos y de la Medicina sino del estado de la mujer; o sea
que el proceso del parto depende básicamente de la sexualidad de
la mujer, nos encontramos con que el quid de la cuestión no es propiamente
la maternidad, sino la mujer misma: el estado de la mujer en esta
sociedad; de manera que la maternidad patriarcalizada no sería más
que la consecuencia casi inevitable de este estado de sumisión falocéntrica
y de robotización de la mujer... En otras palabras, no podemos
cambiar la maternidad sin cambiar la mujer. Todo, claro está, es
relativo y/o, lo es hasta cierto punto.
Lo cierto es que lo que hace que la menstruación de una mujer sea dolorosa,
es lo mismo que hace que el parto sea doloroso: la más mínima apertura
o dilatación del cervix produce dolor; las fibras musculares del
cervix no están relajadas, no tienen flexibilidad. Entonces, claro
que no basta una buena preparación al parto durante los nueve meses
de la gestación para hacer que el útero de la madre se abra suavemente,
con tiernos latidos, como la flor de loto de la India. Hace falta
una cultura femenina, una femeneidad que desarrolle la sexualidad
de la mujer desde la niñez, un mundo en el que las niñas crezcan
expandiendo su sexualidad.
Hay mujeres que abogan por suprimir la maternidad y la menstruación; acabar
con la utilización de nuestros cuerpos para la reproducción humana.
!ya está bien de sufrir! Yo desde luego me apuntaría a ello si
realmente fuera una solución para que dejásemos de sufrir: ¡tantas
chicas hay que sufren tantísimo cada mes de su vida! Si no fuera
porque, aunque también he padecido mi cuota de sufrimiento uterino,
he vivido y experimentado otra cosa; y esa otra cosa ha sido tan
fuerte, tan apasionante, como una energía especial que re-equilibra
todo, que te devuelve una especie de integridad corporal, un ligero
vahido de eso que Lea Melandri llama 'ser mujer', de vivir
la existencia negada, imposible, prohibida: la otra cara de la lascivia
y del pacto con Satán; el cerebro hecho vientre (Belli),
la conciencia y el útero unidos (Merelo-Barberá). Evidentemente
el camino para dejar de sufrir no es rematar la operación patriarcal
de la desnaturalización del cuerpo femenino, de su funcionamiento
robotizado; por el contrario, el camino es el de recuperar su funcionamiento
natural, liberarlo de su impregnación patriarcal, ¡ay! tan profundamente
impregnado. El camino de la expansión del placer y de la sexualidad
femenina.
La sexualidad de la mujer tendría que arrancar, y de hecho arranca en su vida
intrauterina, con el cuerpo a cuerpo con la madre en la etapa primal.
Al salir, debería encontrar una mujer que estuviera ahí no como
mujer del hombre para el hombre, sino como mujer con su cuerpo
de mujer en gestación extrauterina. La expansión del periodo
primal, debería proseguir en el cuerpo a cuerpo con la pareja de
la madre, si la tiene, con los hermanos y hermanas, con las abuelas
y abuelos, y con el resto de adultos del grupo familiar.
La expansión de la sexualidad básica humana, hoy erradicada, incluiría la expansión
de la sexualidad de la niña, de la adolescente, de la mujer...
Todo esto hoy no existe, y como decía Reich, el patriarcado
ha creado con la energía de la sexualidad natural reprimida, la
sexualidad secundaria, perversa, del hombre de hoy, que es correlativa
al funcionamiento robotizado del aparato reproductor femenino, es
decir, un funcionamiento sin el impulso de la emoción erótica que
le correspondería.
Si
las niñas bailasen las danzas del vientre con sus hermanas mayores,
sus madres, sus abuelas, y nadasen como sirenas, crecerían sin parar
de mover las caderas, la pelvis, el útero; y éste volvería ser como
un pez que se mueve en nuestro vientre, tal cual lo representaban
en el neolítico. Cuando se habla de recuperar nuestro cuerpo de
mujer, en concreto quiere decir recuperar la sensibilidad y el movimiento
uterino. Que nuestro vientre canalice y exprese nuestra emoción
y nuestra alegría de vivir.
Tenemos varias 'pistas' que podemos seguir. Una de ellas es la tradición olmeca
que están recogiendo algunas mujeres, como Silvia Sterbova y
Elena Lázaro (1); recuperando el pensamiento y los ejercicios
de aquella civilización para expandir 'la energía femenina', nos
proponen 'las prácticas femeninas' para lo que ellas llaman el 'despertar
del útero'. Esto está directamente relacionado con lo que dice
Carlos Castaneda en su libro Los pases mágicos
(2): Según Don Juan Matus, uno de los intereses más concretos
de los chamanes que en la antigüedad vivieron en México es lo que
denominaban 'la liberación de la matriz' ... A los chamanes
les interesaba 'el despertar' de la matriz porque, a parte de su
función primaria reproductora, sabían de una función secundaria;
una capacidad para procesar conocimientos directos sensoriales e
interpretarlos directamente sin el auxilio de los procesos de interpretación
que todos conocemos (lo que también podemos llamar 'conocimiento
o intuición visceral' de lo que desean l@s hij@s, por ejemplo).
... Al igual que otros chamanes de su linaje (Don Juan) estaba
convencido de que si se apartan del ciclo reproductor, la matriz
y los ovarios se convierten en herramientas de percepción, y ciertamente,
en el epicentro de la evolución.... En virtud de los efectos de
la matriz, las mujeres ven directamente la energía con más facilidad
que los hombres, decían y se quejaban de que las mujeres no
son conscientes de su capacidad.... Resultaba paradójico que la
mujer tuviese a su disposición un poder infinito y no se interesara
por conseguirlo. Don Juan estaba convencido de que esta falta
de deseo de hacer algo no era natural, sino adquirida.
Quizá si las mujeres estaban menos interesadas que los chamanes en la evolución
humana en sentido general era porque estaban más interesadas en
la evolución concreta de sus criaturas y a ello dedicarían su 'energía',
su capacidad de percepción, su intuición. En cuanto a las funciones
secundarias, cabe imaginar, y así debió de ser por las informaciones
que tenemos, que en un contexto matrifocal, a las mujeres les sobraba
energía y tiempo para desplegar su capacidad de percepción y su
intuición a otros aspectos de la vida y de su conocimiento.
En cualquier caso, 'los pases mágicos', o sea, lo que nosotras llamaríamos 'ejercicios',
que Castaneda recopila, sin duda favorecen el despertar de
la sensibilidad uterina, puesto que tienen por objeto anular
las consecuencias de la socialización nociva que las (nos)
vuelve indiferentes.
En nuestra cultura, la matriz es una gran desconocida; ha sido rebajada a una
víscera con un papel casi vegetativo, cuando no como un sifón de
un sistema de cañerías. Sin embargo, si el cerebro es un especie
de unificador a ciertos niveles de nuestra percepción y de nuestra
voluntad, a otro nivel, la matriz es otro centro de percepción y
de toma de decisiones (las 'viscerales'). Podríamos decir que
el 'alma' en el sentido de 'ánimo' de la mujer, en cierto modo es
la matriz. En este mundo la mujer está 'desanimada', 'desalmada',
paralizada, porque la vitalidad genuina de la mujer es incompatible
con esta sociedad y por eso quedó prohibida y excluida de este mundo
(des-terrada al Hades); como dice Melandri, es como si
el existir de la mujer se hallase ya incluido en una forma de existencia
que la niegan en cuanto a mujer; como si la única posibilidad
de existir en este mundo tuviese como condición la 'indiferencia'
de la matriz, la castración de la mujer que después tres o cuatro
milenios de dominación física, se efectúa ya a nivel simbólico
e inconsciente (*); y esta castración de la mujer trae consigo,
tanto la congelación de su 'capacidad de percepción' que decían
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(*) No por casualidad en la Biblia, el establecimiento de la sociedad de dominación
sobre todo el ecosistema se enuncia paralela y simultánea al parir
con dolor.
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los chamanes, como el realizar la función primaria reproductora en ese
estado de 'indiferencia'; lo que con otras palabras, llamamos 'robotización',
que quiere decir eso, 'des-animación', o 'des-vitalización'.
Desde el campo del psicoanálisis y de la sexología, la psicoanalista francesa
Maryse de Choisy (3) ha constatado, referido al útero, algo
muy parecido a lo que dice Michel Odent referido a los médicos
obstretas: no saben lo que es un parto porque sólo han conocido
los partos hospitalarios; entonces se dedican a hacer 'ciencia'
y a sentar cátedra sobre el parto de una manera falaz, sobre una
base no verdadera, no cierta. Maryse de Choisy dice que
los profesionales de la sexología, que han 'sentado cátedra' sobre
la sexualidad, lo han hecho basándose en un tipo de mujeres determinado;
pero como dice ella, las mujeres 'uterinas' o 'cérvico uterinas'
no se preocupan por la sexualidad ni acuden a las consultas de los
sexólog@s. Es algo como que nadie se preocupa de su hígado mientras
le funciona bien, y sólo empieza a preocuparse cuando le deja de
funcionar bien; a continuación, imaginemos lo que sería ir a un
médico que desconoce el funcionamiento normal del hígado a que te
lo arregle... Se institucionalizaría una patología hepática mantenida
y reproducido por el Poder médico. Hace poco hablando con un grupo
de gente joven, una chica decía que ella no había hablado nunca
con nadie de que notaba y sentía su útero porque pensaba que era
lo normal, que todas las mujeres lo sentían. Así concluíamos que
era muy importante hablar de ello, eliminar el pudor absurdo que
pueda haber, que solo sirve para mantener la ignorancia.
Maryse de Choisy después de diez años de trabajo con
cuestionario, ofrece una perspectiva sobre el orgasmo femenino que
rompe la tradicional dicotomía 'orgasmo vaginal-orgasmo clitoridiano'.
El orgasmo más global e importante de la mujer, afirma, no es ni
vaginal ni clitoridiano; apretando los muslos o los glúteos firmemente
(las mujeres) alcanzan un tipo de orgasmo que arranca en
el centro de su cavidad pélvica, en algún punto muy profundo de
su interior, y se expande por todo el cuerpo... pues el
verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, o tiene su origen
en él...
Tenemos también 'la pista' a seguir de las mujeres de la India, que nos proponen
la práctica de la visualización, con los pétalos de la flor de
loto abriéndose... o la imagen de las ranas pre-colombinas palpitando
rítmicamente como un corazón... o el animal errante de Platón y
otros, quitándole la intención peyorativa y visualizando/sintiendo
una preciosa ameba que se alarga y se encoge y se vuelve a alargar,
y se mueve, una onda tras otra, como las parras de las cenefas y
frisos, que se enroscan una tras otra, (y de las que cuelgan formas
uterinas en lugar de racimos de uvas); una ola tras otra, como
los dibujos de los tentáculos de los pulpos en las vasijas neolíticas...
hasta que el útero, más allá de su forma, se hace todo latido,
pulso, ritmo, que irradia y expande el placer (por eso la oxitocina
y el placer son también pulsátiles y rítmicos).
O la 'pista' de las mujeres de Arabia Saudí, bailando la danza del vientre
en corro alrededor de la parturienta, para inducir su movimiento
uterino... o el movimiento de los delfines, o la experiencia conocida
de la pornografía por la cual sabemos que el neocortex puede inducir
la excitación sexual, a falta del deseo de el/la otr@, y no solo
la falocéntrica...
La danza del vientre, dice Karmele O'Hanguren (4) no tiene fecha de
nacimiento, pero parece ser la supervivencia de una forma de danza
ligada a los ritos de fertilidad y maternidad, ya que reproduce
simbólicamente los movimientos de la concepción y del alumbramiento...
En sus distintas versiones, que van desde el raks sharki con música
clásica árabe, al estilo baladí más popular, la danza del vientre
es uno de los bailes más sensuales del mundo reservado únicamente
a mujeres. .... Las mujeres que la practican obtienen importantes
beneficios físicos, como la regulación de los ciclos menstruales,
la renovación de la energía corporal y un conocimiento mayor del
cuerpo y de los propios sentimientos. No requiere un cuerpo escultural
ni un vientre plano, por lo que las aprendices de bailarinas aprenden
a amar su cuerpo y a descubrir su gracia y su sensualidad. Por
estos motivos, la danza oriental vive un momento de gran auge, ...
lo que la experta Isabel Fuentes ha constatado en su academia de
baile de Granada...
Por último, recordar que los ejercicios que se recomiendan para fortalecer los
músculos pélvicos en la preparación al parto, también sirven en
las no embarazadas para despertar el útero inmovilizado.
También podemos afirmar que mujeres que conocemos, sin mediar prácticas femeninas
olmecas, ni visualizaciones hindúes, ni pases mágicos, ni danzas
del vientre, con el solo hecho de saberlo, han recuperado la percepción
sensible de su útero.
Por eso creo que aun siendo difícil, no es imposible perder la rigidez e insensibilidad
producidas por la represión de la sexualidad básica, a lo largo
de toda una socialización castradora.
Porque oficialmente, líbido solo hay la masculina, decía Freud; lo de
la mujer, es 'el mal femenil' bíblico, la lascivia; el cuerpo hay
que mantenerlo tieso, como si nos hubiéramos tragado un palo. Las
sillas vienen a completar la forma de doblar nuestro cuerpo en forma
de cuatro; eso de vivir en cuclillas, a ras de suelo, hace mover
demasiado el esqueleto pélvico y deja los músculos pélvicos relajados
y la pista libre para la relajación uterina... Y eso que es de
sobra sabido que esto de agacharnos doblando la cintura, en lugar
de las rodillas, es muy perjudicial para la columna vertebral, sobre
todo si además es para coger peso...
El yoga también nos puede ayudar. Yo no lo practico ni lo conozco, pero transcribo
una carta de un amigo: Tanto el yoga... como otras terapias se
basan en los siete chakras de energía del ser humano. La kundalini
(representada simbólicamente con una serpiente enroscada)
es la energía vital que se encuentra en el segundo chakra, a
la altura de los genitales, y la función de este chakra es movilizar
la kundalini (la serpiente se desenrosca y se mueve) y redistribuirla
por todos los otros cinco chakras (el primer chakra, que se encuentra
más o menos entre los genitales y el ano, es el encargado de tomar
contacto con la energía vital de la tierra para que el segundo chakra
la pueda canalizar). Tanto en yoga como en las psicoterapias corporales
que te comento son práctica habitual ejercicios de movilización
de la cadera para activar la kundalini, es decir, la energia vital
y/o sexual. Una persona con poca movilidad y conciencia de esa
parte del cuerpo es una persona que no canaliza correctamente esa
energía. Es un poco como las danzas del vientre de las sociedades
matrísticas del neolítico...
Antes cuando defendíamos y reivindicábamos otra maternidad diferente a la patriarcal,
estábamos a la defensiva ante el recelo de los movimientos feministas,
que tradicionalmente han considerado la maternidad como una esclavitud,
una trampa para coartar la libertad de la mujer. Pero era tan importante,
estábamos tan seguras de que había 'otra' maternidad que nos atrevimos
a levantar la voz para reivindicarla.
Sin embargo, ahora podemos decir, no sólo que hay una maternidad que no es esclavitud
y sometimiento para la mujer, sino que la maternidad nos está ayudando
a recuperarnos como mujeres, a entender una existencia de la mujer
inimaginable, perdida en la sombra de la cultura, la que ha sufrido
la represión inexorable, permanente y total; Y que, después de
todo, no es tan difícil de devolverla/devolvernos a la vida, como
aseguraba Freud (5) porque, en la sombra de la cultura, los
vientres todavía palpitan. No tanto, ni tan a menudo ni tan intensamente
como sería necesario para el bienestar de la vida humana, pero todavía
palpitan.
Al principio de este punto decía que para cambiar la maternidad tiene que cambiar
la mujer; y resulta que la maternidad, que a pesar de todo moviliza
el útero y en cierto grado despierta la sexualidad uterina y nos
hace palpitar el vientre, nos está ayudando por lo menos a entrever
la recuperación de nuestra existencia como mujeres.
Porque la cultura crea los géneros, los roles, los arquetipos de lo que se supone
que es un hombre y de lo que es una mujer; los géneros echan raíces
en el inconsciente y crecen modelando emociones, sentimientos, ideas,
anhelos y proyectos... que dirigen toda la energía sexual reprimida
hacia una patética e institucionalizada mentira, y ponen todas nuestras
vidas al servicio de esa patética e institucionalizada mentira,
detrás de la cual se esconde la realización del Poder. Pero los
cuerpos están ahí con su sabiduría filogenética, permanentemente
tratando de escapar y de resistirse al orden simbólico establecido.
Por eso, a pesar de la generalización de la robotización de la maternidad
(a pesar del decúbito supino, del chupete de plástico, de la leche
artificial y de la cuna), gracias a la maternidad, los cuerpos de
las mujeres producen tormentas y maremotos que conmueven los cimientos
de los géneros y de toda la cultura de la femeneidad patriarcal.
La maternidad en muchas o en algunas mujeres consigue romper las
corazas psicosomáticas que impiden la expansión de todo un campo
de erotización femenina; gracias a los partos, los úteros se distienden
y salen de su estado letárgico, 'histérico' y rígido; gracias a
la lactancia percibimos el temblor placentero de los pechos. Vemos
algo de luz al final del tunel, en las sombras de la cultura, el
vientre y los pechos todavía palpitan.
La mujer se abre paso en la búsqueda de una recuperación de la maternidad.
Estamos recorriendo un camino inverso al recorrido en la transición
de la matrística a la sociedad patriarcal. Varios autores han señalado
cómo nuestros primeros padres experimentaron en la ganadería lo
que luego harían con la reproducción humana para obtener los esclavos
y guerreros que necesitaban; aprendieron lo que hay que hacer para
transformar un toro en un buey (castrarlo), y utilizar su fuerza
sumisa para tirar de la carreta y arar los campos; aprendieron la
técnica para frenar la expansión del crecimiento de un árbol y convertirlo
en un bonsai; y también aprendieron que para domesticar a la criatura
humana hay que separarla de su madre después de nacer e impedir
el periodo simbiótico de su gestación extrauterina, suprimiendo
así la sexualidad básica humana. Por eso decía San Agustín
Dadme otras madres y os daré otro mundo.
Para poner en marcha a la sociedad patriarcal, hubo que someter a la mujer,
reducirla; quebrantar el desarrollo de su líbido; ponerla velos,
prohibirla el movimiento voluptuoso, las danzas armónicas y hacerlas
andar tiesas como palos. La sexualidad de la mujer se convirtió
en un mal, en el MAL por antonomasia, en lascivia, en lo demoníaco,
para conseguir la asepsia emocional de la madre. Sin destruir
la sexualidad de la mujer, no se hubiera podido prohibir el amor
materno, el cuerpo a cuerpo con la madre.
Por eso hablamos de un camino inverso... ahora, en el cuerpo a cuerpo con nuestra
criatura, nuestros vientres han vuelto a palpitar.
2)
La función masculina:
la cuestión de la pareja y del nombre del padre
Otra de las preguntas del millón es inevitablemente ¿qué pinta el padre y qué
pasa con la pareja en toda esta maternidad?
Antes
que nada, tenemos que ver los planteamientos, perspectiva y sentimientos
de los que partimos; hay tres cosas que creo que hay que dejar situadas:
a) Como dice Lea Melandri (6) es necesario reconstruir la contradicción
hombre-mujer a partir de la negación del cuerpo de la mujer.
A partir de reconocer el cuerpo de la mujer que se niega en este
mundo, hay que armonizar la relación entre los dos sexos. Lo
que en el psicoanálisis tradicional aparece como un problema de
enfermedad, de neurosis, de desadaptación, etc. se convierte en
cambio...en una contradicción material.
Una contradicción material, porque se niega el verdadero cuerpo de la mujer
para presuponer otro con otro funcionamiento que sería homólogo-complementario
del cuerpo masculino. Psíquicamente, desde el punto de vista de
la reproducción, se ofrece la imagen de simetría y paralelismo entre
los sexos.
Pero la homologación hombre-mujer, maternidad-paternidad supone una contradicción
material, porque las funciones de cada sexo no son paralelas ni
simétricas. Son discontinuas y asimétricas. En tanto que humanos
todos tenemos un funcionamiento igual en muchas cosas; tenemos el
mismo aliento vital, la misma capacidad de amar. Pero a lo largo
de nuestras vidas, de nuestros ciclos vitales, tenemos algunas funciones
diferentes; no somos homólogos complementarios, ni hay simetría
o paralelismo en esas funciones. El falocentrismo es una patología
de la sexualidad de la mujer, puesta a punto por la fuerza y hoy
mantenida por un orden simbólico falocrático.
Según los modelos establecidos, la mujer sería la mitad de algo que estando
completo significa la armonía, el bienestar, la felicidad: la naranja
entera, cuya otra mitad es el hombre. Esta complementaridad es
una imagen simbólica con un perverso y múltiple efecto; porque no
sólo sirve para anular el cuerpo de la mujer en sus funciones sexuales
y sociales no falocéntricas, sino también para establecer la adultez
como categoría jerárquica, para organizar el pacto adulto (la simetría
padre-madre es la imagen simbólica de este pacto que se ofrece a
las criaturas) en el que descansa la reproducción patriarcal de
las generaciones, asegurando la transmisión vertical de toda la
Autoridad, de toda la cultura y de toda la organización social.
Porque, efectivamente, si la organización social arrancase con la
expansión de la pareja madre-criatura, habría todo un desarrollo
de la sexualidad básica humana, común a los dos sexos, común a adult@s
y ni@s, y habría una empatía entre la adultez y la niñez incompatible
con la transmisión vertical de las categorías jerárquicas.
En los entes orgánicos hay muchas cosas simétricas que van de dos en dos (dos
ojos, dos riñones, dos pulmones, dos brazos y dos piernas, por ejemplo)
y que se complementan en sus funciones. Y hay otras cosas que
no son simétricas pero que se complementan en ciertas funciones,
por ejemplo, las células nerviosas y las células del tejido muscular
para la función motriz (hay millones de ejemplos, y todos diferentes,
específicos y únicos, con lo cual no es para que los ejemplos se
tomen al pie de la letra).
En la especie humana hay dos sexos que se complementan en ciertas de sus funciones,
pero no en todas; como las neuronas y las células musculares, tienen
estados de profundo entrecruzamiento, pero también existen y funcionan
por separado, a más distancia. Si dijéramos que las neuronas y
las células musculares tienen que estar siempre inervadas... ¿cómo
se harían las otras funciones que no requieren esta inervación?
Si nos planteamos la re-organización de la relación entre los sexos desde la
perspectiva de la maternidad (porque se puede plantear desde muchas
otras perspectivas), es porque partimos de su experiencia, y hemos
visto que en la medida en que se recupera, deja al descubierto esa
contradicción material hombre-mujer de esta sociedad, y
la negación por parte de la sociedad de una de las funciones básicas
del cuerpo de la mujer. En los colectivos de ayuda de madre a
madre, se constata a diario que vivimos en una sociedad que prohibe
la existencia de la mujer, aunque solo sea porque no le está permitido
parir y criar a sus hij@s con un mínimo de respeto hacia este proceso.
Por eso me parece necesario abordar la cuestión de la función masculina
como plantea Lea Melandri, comprendiendo que las relaciones
actuales descansan en la negación del cuerpo de la mujer. La maternidad
identificada con el bienestar de la criatura y con la recuperación
de la sexualidad básica del género humano, abre un camino para
re-situar la relación entre los sexos, para restablecer la sexualidad
desquiciada, ponerla en su quicio.
b) Recuperar la función masculina tiene mucho que ver con recuperar la función
femenina, porque como decía Amparo Moreno (7) los géneros
son sólo dos variantes de UN SOLO ARQUETIPO O MODELO HUMANO: el
que realiza el Poder. Por eso también las mujeres sabemos ser
buenos Padres, Jefes y Guerreros, y si no ahí tenemos la legión
de las Thatcher, la Condolenza Rice o nuestras inefables ministras
del PP, diciendo que hay que bombardear la población civil de un
pueblo inocente... ¡y serán madres que creerán que aman a sus hij@s!
Aunque con matices y grados diferentes, hombres y mujeres tenemos
la misma dinámica de insensibilización para la esclavitud, la resignación
y el ejercicio de la crueldad y del desprecio, y para reprimir a
nuestr@s hij@s. Y ahora tenemos el mismo objetivo: cambiar la sociedad
de realización del Poder por la de la realización del bienestar.
Para cambiar la función masculina de nuestra sociedad debemos cambiar la imagen
simbólica que le representa: Hércules, Don Juan, etc., los paradigmas
de la masculinidad patriarcal, que afirman la existencia masculina
desde la superioridad basada en la fuerza física y en la capacidad
de conquista. Podemos buscar algo semejante a un Viernes (8)
cuya mayor añoranza y anhelo no es ir de donjuan por el mundo, sino
el bienestar de l@s niñ@s; o imaginarnos a los 'polipáteres' de
Bachofen. (Bachofen afirma que en la sociedad organizada
desde lo maternal, l@s niñ@s tenían muchos 'padres'; de este modo,
Bachofen explicaba el que muchos hombres adultos cuidasen de cada
niñ@; y sin poder imaginar otra forma de conceptualizar esa función
masculina, caía en el mimetismo de llamarlo 'polipáteres', una sociedad
en la que cada niñ@ tenía muchos padres... Todo lo contrario a
nuestra sociedad de padres ausentes... una vez más pasamos de la
abundancia a la carencia.) Bachofen no encontró otra palabra
para calificar la función social del colectivo masculino en la
matrística. Necesitamos elementos para crear el paradigma de
una masculinidad basada en la expansión de la infinita capacidad
de amar de los hombres, para cuidar y procurar el bienestar de
las criaturas y de sus madres. Una masculinidad que se mediría
por su dedicación al bienestar de sus próxim@s y no por sus músculos
o por el éxito profesional en sus funciones llamadas 'públicas'
(el grado de Poder relativo en la escala social).
La
dinámica jerárquico-expansiva de la masculinidad patriarcal, tanto
en la práctica social y sexual como en sus raíces psíquicas, es
una construcción cultural; no se justifica en la testosterona; como
la guerra no se justifica en los genes de la naturaleza humana,
como nos quieren hacer creer.
c)
La tercera cuestión que
debemos tener en cuenta para cuestionar la masculinidad
patriarcal, es la cualidad básica del hombre; que es, al igual que en la mujer,
lo que Odent (9) llama 'la capacidad de amar'. Esta es la
cualidad básica específica del ser humano independientemente del
sexo. Filogenéticamente estamos hech@s y preparad@s para vivir
con el impulso o el 'animo' del amor; dígase como se diga : adicción
al amor, búsqueda del placer, producción de deseo, producción sexual/vital,
etc. (Maturana, Kropotkin, Deleuze y Guattari,
Reich...). El cuestionamiento de la hasta ahora llamada paternidad
y de la función masculina patriarcal, hay que hacerla desde esta
cualidad específica humana, y siguiendo el curso de la autorregulación
de las líbidos.
El amor, la ternura y lo entrañable, no son prerrogativas femeninas, aunque
la cultura patriarcal así lo haya afirmado durante milenios. Una
vez más la testosterona no hace a los hombres brutos y violentos.
Lo que pasa es que la autoafirmación masculina en este mundo pasa
por un endurecimiento emocional (+) y un acorazamiento más fuerte
y más acorde con su condición de guerreros o de hacedores de prestigio.
La importancia de ser importante, que decía J.V. Marqués
(10) para caracterizar la necesidad de autoafirmación del ego masculino
en la sociedad actual. La capacidad infinita para la ternura y
para lo entrañable la sacrifica el hombre para autoafirmar su ego
en este mundo.
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(+) Llora como mujer lo que no
supistes defender como un hombre, le dijo a Boabdil su madre...
los niños no lloran... etc
La justificación 'natural' del concepto
del 'padre'
El 'padre' se justifica porque aporta
el espermatozoide que fecunda el óvulo materno; de ahí se deriva
la homologación 'natural' maternidad-paternidad. Pero la relación
que da lugar a un embarazo puede ser una relación puntual, esporádica,
una aventura de corta duración, una relación de algún tiempo,
o de mucho tiempo. Y en todos los casos, la mujer concibe, gesta,
pare y cría a su hij@, independientemente de cual sea el tipo
de relación con el hombre. Si la paternidad perteneciese al
orden natural de las cosas, esto no sería así. Según la organización
natural de la líbido, la ayuda mutua que requiere la mujer para
su proceso de maternidad proviene de las relaciones estables en
las que creció y vivió desde niña, y no de la relación coital
que dió lugar al embarazo. El análisis del funcionamiento de
la líbido ha sido corroborado por la antropología.
Modernamente se está reivindicando
esta homologación de la paternidad con la maternidad, junto con
la idea de la 'paternidad responsable'. Esto lejos de ser un
avance, es un retroceso. Semejante homologación es un eufemismo
porque el hombre no forma parte de la simbiosis de la exterogestación;
está al lado pero no dentro de ella. En la práctica esta propuesta
lo que hace es consolidar la robotización y la asepsia libidinal
en la exterogestación, puesto que es el modo en el que el hombre
puede asumirla.
En realidad todo esto es una construcción
cultural para ocultar el verdadero origen y función social del
padre. El padre que es el individuo que se autoafirma por la
propiedad (de cosas y personas) y se 'realiza' como agente de
relaciones de Poder. El 'padre' necesita un hijo para transmitir
ese legado con el que su vida se ha identificado. No es el hijo
el que necesita al padre sino al revés, es el hijo el que hace
al padre.
El concepto de 'polipateres' es un acercamiento a la verdad de la función social
masculina, desde nuestra perspectiva patriarcal; es a la vez rompedor
y equívoco. Rompedor, porque tener muchos padres es lo mismo
que no tener ninguno desde el punto de vista de la relación de posesión;
y equívoco, los 'polipáteres' no tenían nada de la patria
potestas, que es el contenido básico del concepto de 'padre;
por ello el concepto de 'polipateres' es un sinsentido, porque el
'poli' es incompatible con el 'pater'.
La función masculina no tiene nada que perder desvinculándose del nombre del
'padre'; sólo desvincularse de todo el sufrimiento infligido
durante milenios por los padres a l@s hij@s y a las mujeres.
Pero sobre todo, debe ser así para facilitar la recuperación de
la armonía entre los sexos y entre las generaciones, y para evitar
su efecto social en las conciencias y en los inconscientes.
Después del parto la madre y la criatura son una simbiosis, libidinalmente amparada;
no hay trío. Esto es básico. La pareja de la madre, sigue siendo
un o una compañera no simbiótica de la madre. Michel Odent
dice que toda relación sexual es a dos; yo no lo sé -si toda
relación sexual es a dos- pero lo que sí estoy segura es que la
simbiosis madre-bebé es a dos (a menos de que se trate de gemel@s).
Durante el tiempo de la exterogestación -aproximadamente 1 año-
pero sobre todo, durante los dos primeros meses después de nacer(*),
no hay homologación ni paralelismo ni nada parecido a lo que se
quiere hacer ver con la 'paternidad' moderna. La función masculina
es sostener la femenina en estado simbiótico, la exterogestación;
su función no es hacer de madre sino garantizar que a ninguna
criatura le falte la madre. La función de la trama es sostener
y asegurar la urdimbre, no cambiar la dirección y ponerse de urdimbre.
Hay ya muchos hombres que lo han entendido y lo están haciendo maravillosamente.
Cuando un hombre rinde el ego, renuncia al poder y despliega y expande
su amor, lo cual se nota, porque se nota cuando alguien hace las
cosas por amor o cuando las hace para realizarse socialmente (para
cubrir la necesidad del ego de autoafirmarse), entonces no le cuesta
nada prescindir del nombre del 'padre' y considerarse hermano y
amante de sus criaturas queridas. Entre otras cosas, porque pronto
empieza a recibir el amor de la criatura cuya sexualidad primal
ha sido respetada.
-----------
(*) La importancia de los dos primeros meses o 'luna de miel' de estabilización
del nuevo acoplamiento, salió en los encuentros de apoyo a la lactancia
materna en Fortuna abril 2003; esta ‘luna de miel’ todavía se reconoce
en muchos países de América Latina donde todavía se respeta la ‘cuarentena’
después del parto, durante la cual la nueva madre es atendida en
todas sus necesidades por las mujeres de su grupo familiar.
-----------
No durante los dos primeros meses, pero desde que una criatura adquiere movilidad
autónoma, cuando empieza a gatear y a andar, y si se ha respetado
el proceso de exterogestación, empieza también a deslizarse y a
acurrucarse en los cuerpos próximos al de la madre. Cuanto más
respeto a la función materna simbiótica, más producción libidinal
en la criatura y más ternura, besos, caricias, mordiscos y babas
irá dejando por los cuerpos próximos. O sea, que la no interferencia
masculina en la función materna no es exclusión ni distanciamiento
-salvo los primeros meses- del hombre de las criaturas, sino un
incremento de su relación emocional y erótica con las criaturas,
debido precisamente al desarrollo emocional y erótico de las propias
criaturas. Estaríamos recuperando la sexualidad básica humana,
común a los dos sexos.
No se trata de que el hombre que era el compañero de la madre deje de serlo;
sino de pasar a ser su compañero en otro estadio de su vida de mujer,
en el estadio de mujer en gestación extrauterina. En lugar de ser
compañero de una mujer, se convierte en compañero de una mujer-con-bebé,
sin pretender una función homóloga o simétrica a la de la madre,
con respecto al bebé. Por eso el concepto de paternidad, además
de tener la misma carga simbólica que el concepto de padre, induce
a confusión porque parece una función paralela y simultánea a la
maternidad, con respecto al bebé.
El paralelismo entre maternidad y paternidad es posible en una maternidad aséptica,
robotizada. Cualquiera, independientemente de su sexo, y con un
poco de tiento, puede hacer que un bebe sobreviva con la ayuda de
la tecnología y de la industria del sector. Pero si hablamos de
una maternidad entrañable y de un estadio de la vida sexual de una
mujer, no hay paralelismo alguno.
La publicidad de hombre con torso desnudo y bebé al pecho que nos presentan,
intenta crear la imagen moderna de una paternidad 'responsable'
y sensible. Aunque la publicidad pueda crear todas las imágenes
que quiera, no puede inventar un nuevo tipo de organización libidinal.
La líbido del imprinting postparto, y la de la madre durante toda
la simbiosis externa, no se da en el hombre.
La cuestión de la pareja y la falta de organización grupal.-
Hoy en día la maternidad está asociada al matrimonio o a la pareja heterosexual
estable; en realidad, los roles y los géneros están previstos para
desenvolverse y realizarse en esta institución. Por eso la cuestión
del padre y de la función masculina nos lleva a la cuestión del
matrimonio o pareja. Y la alternativa a la función masculina patriarcal
tiene que ir unida a la alternativa a la pareja. ¿Son capaces nuestros
hombres de hoy de cuidar y proteger a l@s niñ@s de las mujeres con
las que conviven, sin proyectar el sentido de posesión y continuidad
típicos de la paternidad, y además, no como un sacrificio, sino
como un derramamiento de su vida emocional y como una expansión
de su creatividad?
En todo lo que concierne a la maternidad, pero especialmente en este punto,
cualquier cosa que se quiera analizar o entender requiere tener
en cuenta lo que no hay y lo que debiera haber: la organización
tribal o grupal, en donde el colectivo femenino y el colectivo masculino
desarrollan las funciones propias de su sexo, funciones previstas
para hacerlas en colectivo y no cada hombre y cada mujer individualizamente.
La falta de unión y de lazos de hermandad entre hombres para cuidar y proteger
a l@s crí@s, en lugar de competir entre sí para ver quien es el
que mete más goles o el que llega más lejos o el que puede más.
La falta de unión y de lazos de hermandad entre mujeres que se ayudan mutuamente
en las tareas para parir y criar a l@s nuevas generaciones, en lugar
de rivalizar entre sí por conseguir el favor de los señores, casualmente
una de las más importantes premisas de la ley del Padre.
Ahora, los maridos o parejas de las madres en el modelo de familia nuclear actual,
no tienen un colectivo masculino para organizar el cuidado de las
nuevas generaciones, y además tienen que ir poniendo parches para
suplir la falta del grupo de mujeres entorno a la madre. Todo esto
refuerza la imagen de 'trio', del triángulo papá-mamá-bebé...
Pero las parejas modernas suelen pasar grandes crisis cuando tienen hij@s, porque
se encuentran desbordadas por infinidad de pequeños problemas cotidianos,
y porque al haberse constituido en la fe en el mito de la familia,
les pilla de sorpresa el desbordamiento. ¡¡Si la pareja está hecha
para tener hij@s, ¿por qué tanta dificultad
y tantísimos problemas?!! Entonces parece que la culpa está en
que la relación de pareja no es buena, o ella no es una buena madre,
o él se escaquea más de lo debido.
La dificultad para resituar la función masculina, o para entrever una alternativa
a la actual, se debe a que la autorregulación (es decir, la función
masculina y la femenina acordes con la autorregulación) no está
filogenéticamente prevista para una sociedad de individuos, ni para
una organización sexual basada en la monogamia.
Esta es la cuestión: cómo hacer lo que se debiera hacer cuando no hay lo que
debiera haber.
Debemos situarnos en este contexto, para decidir las prioridades en términos
de mal menor para la criatura y su madre, sabiendo la importancia
relativa de lo que falta.
De hecho, cuando una mujer pare, de algún modo la organización libidinal se
enfrenta a la organización social. Si la mujer para ser madre tiene
que distanciarse de su edipización, (lo cual es todo un reto en
el mundo actual, sumamente competitivo, en donde cualquier cosa
es cada vez más difícil (cada vez es más difícil por ejemplo tener
una casa, pero no solo las cosas materiales, sino que cada vez es
más difícil nacer y morirse) y en donde una madre cree que la mejor
protección para su criatura es darle un padre que le reconozca como
hij@ y les ayude), el hombre para realizar una función de trama
sostenedora de la maternidad, lo tiene emocionalmente muy difícil,
porque tiene que realizar una función de sustitución de los colectivos
femeninos y masculinos de apoyo a la madre, y por otra parte se
ha quedado en cierta medida, sin pareja. Tradicionalmente a cambio
ganaba puntos para su ego, para su afirmación social. ¡Qué importante
era -y es- ser padre!
Si continuamos organizándonos en parejas monógamas aisladas, el hombre que apoya
la maternidad tiene que hacer lo que el grupo de parientes femeninas
de la madre hacía antes, pero además se encuentra con que su mujer
en muchos casos, no le desea, o ha perdido en mayor o menor medida
el interés por él. Como dice Michel Odent (11) la exterogestación
y la crianza cuestiona la pareja monogámica, por la orientación
de la líbido femenina durante el periodo de crianza. ¿Qué se puede
hacer? Sólo queda buscar el mal menor teniendo en cuenta las prioridades
y opciones de los procesos individuales. Conocemos algún caso
de madres que perdieron todo deseo hacia su pareja, y el hombre,
sin dejar de sostenerla a ella y a su criatura, se echó temporalmente
otra novia...
A los argumentos de Odent
que le llevan a cuestionar la pareja monogámica estable (los largos
periodos en los que la mujer está lactando durante los que su líbido
se orienta básicamente al bebé), hay que añadir la evidencia de
que la capacidad de amar no está limitada para amar solo una persona.
En una organización tribal, la monogamia pierde su función social
y económica, de perpetuación del Poder; y el deseo, las prácticas
sexuales y los sentimientos pueden fluir espontáneamente sin normas.
La presencia del padre
en el parto.-
Otro tema importante
es el que plantea Michel Odent en su pagina Web: si es peligroso
que el hombre esté presente en el parto. Según su experiencia,
que es bastante extensa, con mucha frecuencia las mujeres parían
cuando el marido se había bajado a comprar tabaco antes de que cerrase
el estanco, o a sacar al perro, o a comprar algo que faltaba. Entonces
la mujer paría.
Creo que esto se puede
explicar teniendo en cuenta por un lado la autorregulación de la
líbido y la bioquímica de la sexualidad, y por otro, el estado psíquico
de edipización de la mujer que perturba la autorregulación.
La edipización es un
estado psíquico, que se forma cuando todo el cúmulo de deseo y de
sexualidad reprimida en la etapa primal y a lo largo de la infancia,
se configura y se define en términos falocéntricos y adultos; es
decir empieza proyectar su saciedad y resarcimiento en el matrimonio
o pareja heterosexual estable; la socialización y la formación de
los egos se hace de manera que el hombre debe buscar a la mujer
de su vida y la mujer al hombre de su vida, la naranja entera, etc.
La figura masculina es para la mujer edipizada un polo de atracción
que distorsiona el curso de su energía libidinal; la bioquímica
del proceso del parto no puede funcionar con una psique femenina
edipizada.
En algún video, he visto partos en los
que la mujer, al coger a la criatura recién salida, en lugar de
mirarla, dirige su mirada al compañero que está a su lado; en ese
momento algo se distorsiona en proceso que lleva al imprinting,
al acoplamiento extrauterino. Y una vez escuché a un hombre, que
había estado en el parto de su compañera, decir que cuando vió como
ella miraba a la criatura recién salida, comprendió que "allí
él no estaba", que él "allí no tenía nada que hacer",
que "él estaba fuera del vínculo" que en ese momento se
estaba creando entre su compañera y el bebé recién nacido; simultáneamente
la madre contaba (emocionada, llorando, y emocionándonos y haciéndonos
llorar a quienes la escuchábamos) que en ese momento, algo se despertó
dentro de ella, algo que se expandió por dentro y que la hizo sentirse
como nunca se había sentido antes; se sintió otra mujer, plena,
íntegra, sin dependencias ni inseguridades establecidas para el
'sexo débil'. El hombre no se sentía defraudado ni menospreciado.
Se sentía bien, maravillado y embelesado por la contemplación del
espectáculo de la 'magia' de la vida; había comprendido el proceso
y la necesidad del imprinting.
El estado emocional y
el equilibrio hormonal de la madre es fundamental en el parto; pero
el estar socializada con una codificación falocéntrica de toda la
energía libidinal, hace que la presencia del compañero actúe de
inhibidor a nivel inconsciente del desarrollo del parto. Quizá
si la mujer no estuviera edipizada, la presencia del compañero no
sería perturbadora.
Por eso entiendo a Odent
cuando dice que la presencia del padre en el parto incrementa el
riesgo, y que el parto es cosa que, por lo general debe de dejarse
a las mujeres; y también que esto explica lo de las antiguas co-madres
y comadronas, y lo de las tábula de los trobiands de Nueva Papúa
Guinea que relataba Malinowsky (12).
La fuerza simbólica del
nombre del padre.-
Otro asunto conflictivo
es el del nombre del ‘padre’, y los conceptos de ‘padre’ y de ‘paternidad’,
y la fuerza simbólica que tienen.
Hay quienes consideran
que el concepto de ‘padre’ y ‘paternidad’ corresponden a una función
masculina natural, y que se trata de cambiar el significado patriarcal
y de Poder que tienen, para asignar a dicho concepto tan solo una
función amorosa y protectora masculina.
Pero estos conceptos
están 'recargados' como las bombas de efectos retardados, listos
para actuar inconscientemente, y convertir la función amorosa y
protectora masculina en una función de Poder y de Autoridad. Por
eso deben cuestionarse.
A parte de lo dicho antes
de la asimetría con la función femenina, el nombre del Padre actúa
organizando el ego y transformando al hombre en agente de realización
de Poder; de hecho es el eje estructurador de toda la edipización
psíquica, de todo el orden social. En los Encuentros de colectivos
de apoyo a la lactancia materna (Fortuna 2003), recuerdo una anécdota
que nos contaba una madre, que venía a ilustrar la fuerza simbólica
del concepto de 'padre': durante un viaje en tren, compartió el
departamento con un hombre que viajaba con varios niñ@s, a l@s que
atendía y cuidaba con cariño y esmero; a lo largo del viaje iba
pensando cómo los hombres también saben cuidar de l@s niñ@s y lo
capaces que son de hacerlo; hasta que en medio de la conversación
sobre el cuidado de l@s niñ@s, el hombre le contó que una vez había
tenido llevar a su hija mayor a su cuarto para echarla una reprimenda
y darle un guantazo: esto no tiene que hacerlo una madre; esto
lo tiene que hacer el padre, le dijo a nuestra compañera.
A partir de ahí empezó a pensar en lo difícil que lo tienen los
hombres, incluso los que más quieren y cuidan a sus niñ@s, para
salirse del concepto de 'padre' y lo que ello conlleva.
Por eso la función masculina
tiene que ser nombrada de otra forma, de manera que 1) desaparezca
toda conexión simbólica, social y material con la función
masculina patriarcal, consciente e inconsciente; 2) se destruya
la homologación y simetría con la maternidad y la madre, tras lo
que se esconde el pacto de Poder adulto. Como mínimo la madre que
le da a su hij@ un padre, se compromete a matizar su pasión y su
deseo a lo tolerable por el padre. La homologación, que tanto
gusta al reformismo que no trata de recuperar la maternidad, es
un eufemismo con el que se intercepta la maternidad, se destruye
a la madre. El padre es el estructurador del edipo, el que hace
el molde edípico al que todo deseo, toda pulsión sexual debe adaptarse.
En el nombre del 'padre'
está concentrada toda la cultura y toda la civilización patriarcal;
no es algo neutro o reciclable. La profundidad a la que
es interiorizada la negación de la mujer -que decía Melandri-
es correlativa al peso milenario, a la fuerza simbólica del nombre
del ‘padre’. Mientras que las mujeres sigamos aceptando psíquica
y emocionalmente el concepto de padre/marido, seguiremos
reproduciendo nuestra autodestrucción.
Por eso creo que si hay mujeres y hombres
conscientes que se aman, que quieren una maternidad entrañable y
que pactan una relación estable de pareja, por aquello del mal menor
en este mundo, deberían renunciar al título de padre; cualquier
hombre que cuestione el patriarcado y que desee una recuperación
de la maternidad y de la sociedad de apoyo mutuo, debería considerar
un insulto que se le llame 'padre'. Y no se entiende que pueda
haber recelo en el hombre, cuando lo que deja son milenios de Poder
y sufrimiento, y lo que gana es la expansión de su propia vida.
Sólo la ignorancia de lo que se pierden puede explicar el recelo
en los hombres a renunciar al nombre del padre y a la paternidad.
La rendición del poder a las mujeres y a las criaturas les haría
recuperar su infinita capacidad para la ternura, su infinita capacidad
de amar. Afortunadamente hay hombres que lo saben y lo defienden.
Esto no tiene nada que ver con un tipo
de posición que también hemos detectado, a favor de renunciar a
la paternidad; ellos mismos confiesan que es una manera de seguir
con el tradicional escaqueo masculino-patriarcal; y también hay
mujeres que no quieren ni oir hablar de quedarse sin padre/marido:
saben, quizá por sus madres que fueron abandonadas por sus padres/maridos,
lo durísimo que es sacar adelante ellas solas a sus hij@s. Vale,
estamos en la sociedad del mal menor. Pero la perspectiva tiene
que ser la de renunciar al nombre del ‘padre’ o usarlo solo de puertas
para fuera, de cara al escaparate social, pero interiormente, saber
que no soy ‘padre’ ni quiero serlo, ni querría serlo en ninguna
medida. No para escaquearme, sino todo lo contrario, para no escaquearme
como de hecho y efectivamente han solido hacer tradicionalmente
los padres.
3) ¿Cómo tender la
urdimbre si no hay un tejido social de mujeres en ayuda mutua?
En general esta es una cuestión que afortunadamente
en ciertos sectores está mucho más planteada de lo que parece.
En diversa medida, según la situación de partida. Las chicas que
están emparejadas con un hombre, y que se plantean la maternidad
desde esa relación, no se conforman ya con la pareja; buscan lazos
estrechos con otras mujeres, para ayudarse mutuamente y compartir
el desarrollo de la crianza de su bebé. Hay también chicas que
incluso teniendo una buena relación con un chico, prefieren orientar
su maternidad desde la unión con otras mujeres, para tener hij@s
juntas. Esto no excluye la relación con los hombres, incluso de
convivencia. Estos chicos y chicas hablan sin tapujos de formar
una tribu. En cuanto a sus relaciones hombre-mujer, algun@s se
ofenden si alguien les dice que son 'novios' o 'pareja', aunque
lleven años de relación afectiva intensa. Otr@s hacen proyectos
alternativos mixtos y globales, incluyendo trabajo y relaciones
tribales. En fin, también hay chicas que no tienen una relación
estable con ningún chico, pero que se plantean a corto plazo la
maternidad sin subordinarla a una relación estable con un hombre.
En todos estos casos, se ve prioritario lograr una relación estable
con mujeres. No hay duda, que algo está cambiando...
Otra circunstancia es
la de los colectivos de apoyo a la lactancia materna. En diferentes
ciudades y regiones, están empezando a proliferar. En general
se trata de madres que han evolucionado después de haber tenido
hij@s según un esquema tradicional, y han creado un tejido de ayuda
mutua entre ellas, increíblemente eficaz y perseverante. La ignorancia
unida a la presión social y médica, que suele aprovechar cualquier
cosa para plantear la necesidad del destete prematuro, hace estragos
en la mejor voluntad de una mujer de amamantar a su hij@. También
las asociaciones, como esta de Nacer en Casa, ayudan a la
mujer a sacar la maternidad de los hospitales, ofreciéndole apoyo
para una gestación-parto-crianza en condiciones más respetuosas
con su fisiología y su líbido.
Estas asociaciones,
están haciendo un papel sustitutivo del tejido social de mujeres
'que debiera haber y no hay', aconsejando a la madre en dificultades
y ayudándola a vencer los prejuicios sociales en favor de la maternidad
y de su criatura. Los vínculos que se crean entre las madres suelen
ir más allá de la mera ayuda al parto y a la lactancia...
Estos son unos ejemplos
esperanzadores de cómo ir llenando los vacíos de 'lo que debiera
haber y no hay'.
Aunque no se forme una
tribu, si tan sólo las mujeres que se ayudan mutuamente viven en
el mismo barrio, ya es un paso adelante. Las generaciones de mujeres
jóvenes empiezan a recibir la experiencia de las madres que ya son
lactantes o que han tenido hij@s antes... Sobre la base de la ayuda
mutua material, cotidiana y concreta, en el afán común del bienestar
de las criaturas, la sororidad reemplaza a la rivalidad.
En pueblos y barriadas
marginales de nuestro mundo occidental, a menudo se nos presenta
una imagen insólita (para nuestras mentes patriarcalizadas de la
sociedad de consumo) de verdadero apoyo mutuo entre mujeres. A
veces en la pobreza más absoluta, en donde el padre ausente es bastante
frecuente y la paternidad está más diluida, se ve un trasiego de
ayuda mutua entre mujeres desconocido en la mayoría de los hogares
occidentales. Por otra parte, al no tener acceso a la tecnología
ni a la industria farmacéutica y de productos para bebés, hay más
cuerpo a cuerpo con las criaturas, más rodar y apalancarse en los
regazos. Esta imagen puede ayudarnos a visualizar barriadas pobladas
con mujeres que se ayudan mutuamente, la imagen de la urdimbre.
4)
Si la mujer no quiere
depender del hombre, ¿cómo se las puede arreglar para
trabajar y al mismo
tiempo ser una verdadera madre?
La mujer de nuestra sociedad
tiene prohibido ser madre. No sólo no puede parir como quiera,
tampoco puede criar y a amamantar a sus hijos porque concretamente
el trabajo asalariado lo hace incompatible. "No tengo más
remedio" es el comentario general de una madre que acaba de
parir; y cuando se le acabe la baja tendrá que volver al trabajo,
a menudo lejos del domicilio, lo que puede suponer entre 10 y 12
horas fuera de casa... La división del trabajo tal y como se
ha organizado es para la mujer lo que la arquitectura para los minusválidos
en silla de ruedas; y éstos aún tienen más reconocida su reivindicación,
pues en muchos sitios ya les han puesto una zona de rampas en lugar
escaleras para las sillas; pero ¿cuántos puestos de trabajo hay
en los que las mujeres pueden trabajar con sus hij@s lactantes?
Teniendo en cuenta, que toda la economía está organizada para que
trabajen los dos miembros de la pareja (el sueldo de un@ es para
pagar la hipoteca y el de el/la otr@ para lo demás), resulta que
la organización oficial de la reproducción humana está planteada
para forzar la robotización de la maternidad... para negar el cuerpo
de la mujer. Luego no es de extrañar que la tasa de natalidad
descienda... Y para las que quieran tener hij@s, el sistema mismo
está obligando al personal a salirse de lo establecido... Porque
antes que cuestionar el propio cuerpo quizá valga la pena cuestionar
el trabajo asalariado...
Lo que es incompatible
con la maternidad no es el trabajo, sino el trabajo asalariado.
Una estadística entre mujeres científicas estadounidenses recogía
el siguiente dato: estas mujeres habían hecho o terminado su tesis
doctoral y su trabajo específico como científicas durante el año
de excedencia que habían pedido por su maternidad... habían hecho
su trabajo en casa, con el bebé, en cambio ese trabajo creativo
y no alienante no lo habían podido hacer mientras 'trabajaban' en
sus puestos oficiales de trabajo, a los que no podían acudir con
el bebé... Esto no es nada nuevo, durante milenios, como dice Jean
Liedloff (13) las mujeres han realizado sus trabajos con sus
bebés a la espalda o en el regazo.
Asi pues, está claro
que si el trabajo asalariado es incompatible por su rigidez con
la maternidad, no es la maternidad lo que hay que cuestionar, sino
el Capital que organiza el trabajo en condiciones inhumanas. ¿Por
qué no reivindicar cooperativas autogestionadas que admitan a las
mujeres lactantes? ¿Por qué no nos organizamos las mujeres para
crear pequeños negocios en los que no se excluya la maternidad?
¿O es que vamos a priorizar el mantenimiento del capitalismo?
Sindicalistas, liberatarios partidarios de la autogestión: aliaros
con las mujeres, ofrecédlas un trabajo compatible con la crianza
de su bebé, y ya veréis que energía revolucionaria encontraréis
para construir otro mundo, un mundo en donde se admita la plena
existencia de la mujer.
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BIBLIOGRAFIA
(1) Elena Lázaro
El camino de la mujer Inbi Sudameris Argentina 1999
(2) Carlos Castaneda
Pases Mágicos, las enseñanzas prácticas de Don Juan Ed.
Martínez
Roca Barcelona 1998
(3) Maryse de Choisy
La guerre des sexes Ed. Publications Premiéres 1970
(4) Karmele O'Hanguren
Gara 29 de septiembre 2001 "La danza del vientre regula
la
menstruación"
(5) Sigmond Freud
(1931) Sobre la sexualidad femenina Tomo III Obras Completas
Ed.
Biblioteca Nueva,
Madrid 1968
(6) Lea Melandri
La infamia originaria Ed.Ricou, Barcelona 1980
(7) Amparo Moreno
El arquetipo viril protagonista de la historia laSal ed.
de les
Dones, Barna 1987
(8) Se trata del personaje
de la película 'YO Viernes' , protagonizada por Peter
O'Toole, escrita
por Adrian Mitchel y dirigida por Jack Gold.
(9) Michel Odent
La cientificación del amor Ediciones Creavida, Argentina
1999
(10) Josep Vicent
Marqués 'La importancia de ser importante' Publicaciones
de la
Asociación Antipatriarcal,
Madrid abril 1988
(11) Michel Odent
El bebé es un mamifero Ed. Mandala, Madrid 1990
(12) Malinowski, B.
The sexual life of savages in North-western Melanesia. Beacon Press, Boston 1987. 1ª publicación:
Londres 1929
(13) Jean Liedloff
El continuum concept Arkana-Penguin Group, USA 1986
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