TENDER LA URDIMBRE
El
parto es una cuestión de poder
Casilda Rodrigáñez
Bustos
INTRODUCCION
La primera duda sobre el parto,
es decir, sobre todo lo que normalmente se asocia a un parto: dolor,
dificultades y riesgos diversos, médicos, controles de embarazo,
salas de parto, epidurales, llanto y reanimación de bebés, etc.,
nos alcanzó al darnos cuenta de que la Biblia dice a la mujer 'parirás
con dolor', en tiempo futuro; es decir, que de algún modo también
se dice que no había sido así en el pasado ni lo era, al menos de
forma generalizada, en aquel presente, hacia el 2000-2500 a.c.
Podemos ya datar el comienzo
del parto con dolor y del nacer sufriendo, porque desde hace
unas décadas estamos presenciando los efectos de la llamada 'revolución
arqueológica' (1) que comienza después de la II Guerra Mundial.
Se trata del desenterramiento físico de la sociedad pre-patriarcal,
que los padres de nuestra civilización habían conseguido mantener
oculta para la gran mayoría. Este desenterramiento físico nos está
desvelando la verdad histórica que yace oculta en los mitos
sobre nuestros orígenes divulgados por las diferentes culturas y
religiones. Mitos que en general han manipulado y cambiado el sentido
de los grandes cambios sociales, guerras y acontecimientos que tuvieron
lugar a lo largo de 3000 años de transición y consolidación de la
sociedad patriarcal, con el objetivo de borrar de la memoria y de
la imaginación el modo de vida anterior.
La duda suscitada por el 'parirás
con dolor' se convirtió en legítima sospecha cuando leímos a Bartolomé
de las Casas (2) quien, entre otras cosas interesantes, dice
que las mujeres del Caribe de hace 500 años parían sin dolor -la
generalización del patriarcado no alcanzó aquellas islas hasta la
llegada de la expedición de Colón-.
Voy a tratar de explicar brevemente
las dos grandes interrogantes que esto, el que se pueda parir y
nacer sin sufrimiento, nos plantea: el cómo y el por qué. El cómo
fisiológicamente puede haber esa diferencia abismal en los partos,
y el por qué se produjo el cambio.
1.- PARIR Y NACER SIN DOLOR ES POSIBLE
(3)
La diferencia entre un parto y
un nacimiento con dolor o con placer creemos que reside en la sexualidad
y en el deseo sexual de la mujer. Si se trata de una mujer que
ha desarrollado su sexualidad desde la infancia, y su cervix se
abre en un proceso de excitación sexual, o si se abre sin ese proceso.
Esta afirmación requiere entender lo que es el útero:
El útero es una bolsa de tejido
muscular de fibra lisa y de fibra estriada, con una puerta de salida
que puede cerrarse herméticamente y abrirse hasta los famosos diez
cm. para que salga el bebé. La bolsa uterina integrada en el cuerpo
de la madre fué un gran invento evolutivo que resolvió de forma
prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio
protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término.
Pues el tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible;
elástico para albergar a la criatura según va creciendo,
fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar
10 ó 12 kgs. de peso contra la fuerza de la gravedad (somos mamíferas
que adquirimos la posición erecta, dejando el orificio de salida
a merced de la gravedad), y flexible para la total relajación
y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre
y apertura que se activa mediante las conexiones neuromusculares
y la sexualidad de la mujer. Este dispositivo de apertura no es
otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, pues
no es el dolor, sino el placer, como decía Ola Raknes (4),
lo que hace rodar la rueda de la vida. El Poder ha creado el Valle
de Lágrimas, pero la vida es el Jardín del Edén.
Veamos cómo van encajando las
piezas del puzzle: sabemos que la oxitocina que se inyecta en vena
para provocar o acelerar un parto, es la misma hormona que segregamos
durante la excitación sexual. Sabemos (Masters y Johnsons
(5)) que en todo orgasmo femenino se producen contracciones uterinas.
También, según, la sexóloga y psicoanalista Maryse de Choisy
(6), que el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, al menos
en su origen. Quizá no lo hayan relacionado con el parto, pero
en zonas remotas de Arabia Saudí, la mujer que está de parto se
ve rodeada de mujeres que bailan la danza del vientre, "hipnotizándola
con sus movimientos rítmicos ondulantes para que también ella se
mueva a favor del cuerpo en lugar de moverse contra él" (7).
Y las mujeres de la India visualizan e imaginan pétalos de loto
desplegándose para favorecer la apertura del cérvix. (7)
Detrás de la famosa 'danza del
vientre', está, aunque nos la hayan ocultado, la danza del útero.
Hay diferentes testimonios escritos
de la Antigüedad, que hablan de úteros que se movían. Platón
decía que el útero era un animal que vagaba por el cuerpo de la
mujer y que se enojaba cuando estaba insatisfecho; en el Corpus
hipocrático del siglo IV a.c. se menciona varias veces el 'vientre
errante' de las mujeres. Areteo de Capadocia en el siglo
II escribió que el vientre de la mujer 'es un animal dentro de un
animal' porque vaga por su cuerpo (8).
En la Grecia clásica se asociaba
el desplazamiento hacia arriba del útero con los trastornos nerviosos
o 'histéricos' (ya sabemos que histeria viene de hysteron,
útero), y trataban de curar la enfermedad y de mover el útero aplicando
olores tóxicos en la boca y la nariz (9).
El útero se representaba con un
pez en el expresivo arte neolítico de la Vieja Europa (1), dedicado
no a la manipulación sino a la recreación de la vida; y hay imágenes
de mujeres con un pez dibujado en el vientre; el mismo útero se
representaba por todas partes, en las cenefas y frisos; su repetición
rítmica, en serie, entre huevos y espirales, etc. representaban
la evolución y la generación periódica de la vida. Y el movimiento
erótico de la mujer con ondas serpenteantes sobre sus cuerpos o
que salían de los pechos y del útero. Durante al menos 5 milenios
fué el útero y no el corazón el símbolo del amor y de la vida, representado
en todo tipo de objetos; al igual que la serpiente, símbolo
aún más generalizado de ese movimiento erótico, de la sexualidad
de la mujer, durante varios milenios de civilización no patriarcal.
Han habido muchas otras representaciones simbólicas del útero y
de la sexualidad de la mujer desconocida en nuestro mundo, que no
podemos detallar aquí.
Sabemos que cuando la mujer se
excita sexualmente, el útero empieza a latir, como un corazón, pero
un poco más lentamente; como una ameba que se contrae y se expande,
como el latido del cuerpo de una rana (los Taironas representaban
el útero con una rana (10). En cada latido, el útero también se
extiende y desciende, con un movimiento ameboide, hasta hacerse
incluso visible desde el exterior en estado de excitación fuerte.
Por eso en la Grecia clásica la mujer frígida era la mujer que
tenía el útero arrinconado arriba. Este palpitar del útero no es
sino los movimientos rítmicos de su tejido muscular impulsado por
la emoción erótica; lo que desde nuestra perspectiva patriarcal
que ha eliminado el deseo de la función reproductora, llamamos 'contracciones’.
La emoción erótica es la que hace palpitar el útero de modo placentero;
y cuando la mujer recupera la sensibilidad y se restablece la unidad
psicosomática útero-conciencia, como dice Merelo Barberá, (3)
puede consciente o semi-inconscientemente acompañar ese movimiento,
pues el útero también tiene conexiones neuromusculares con el sistema
nervioso voluntario y el neocortex. Dejándonos llevar por la emoción
erótica, las mujeres podemos, al igual que otras hembras mamíferas,
'empujar' los músculos uterinos, en el momento de la diástole de
su latido, ampliando su onda expansiva, meciéndonos en la ola de
placer, al mismo tiempo que mecemos a la criatura. Y sabemos que
cuando el latido se convierte en las contracciones violentas de
nuestros partos dolorosos, no solo las sufrimos nosotras, también
la criatura las sufre (11).
El
nacimiento es un acto sexual que se realizaría con la máxima gratificación
del placer si la sexualidad de la mujer que pare no estuviese destruída.
Incluso en nuestra sociedad, los que han investigado un poco el
tema han censado una tasa de partos orgásmicos, mucho más elevada
de lo que nos podemos imaginar (12), muchos de ellos dolorosos y
orgásmicos al mismo tiempo.
Hay unos versos mesopotámicos,
de los tiempos anteriores a la esclavitud de la mujer que dicen:
Ninsurga, la gran madre, contrae la matriz y desencadena el parto
(13). Esto nos da a entender que, con una sexualidad recuperada,
la mujer podría incluso inducir, o contribuir voluntariamente a
la inducción del parto. Por cierto que Ninsurga, también llamada
'Nintur' era conocida como 'la señora de la cabaña del nacimiento
-o paridera' y como 'la señora del útero'.
(14)
En su último libro Frederik
Leboyer (15) afirma:
¿Que hace sufrir a la mujer
que da a luz? ... la mujer sufre debido a las contracciones... unas
contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, pero son calambres! todo lo contrario de las 'contracciones adecuadas'.
¿Qué es un calambre? Una contracción que no cesa, que se crispa
y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no 'afloja su garra'
para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente
desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado
por contracciones 'adecuadas' eran contracciones altamente patológicas
y de la peor calidad.¡Qué sorpresa! ¡Qué
revelación! ¡Qué revolución en ciernes!.
Efectivamente, es una revolución,
una revolución calostral como dice Michel Odent (16) porque
la recuperación del parto y de la extero gestación son una misma
revolución contra las bases mismas del Poder.
El parto duele porque los músculos
que no se usan se atrofian y se agarrotan, y porque duele
extender un músculo rígido, semiatrofiado. Sabemos que cuando los
músculos quedan inmovilizados durante un tiempo por una escayola,
necesitan ejercicios de rehabilitación para recuperar su elasticidad
y su funcionalidad. Imaginemos lo que sería recuperar la elasticidad
de un brazo de una persona adulta que ha permanecido inmovilizado
toda su vida; imaginémoslo y desaparecerá la perplejidad que nos
produce hoy el hecho de que se pueda parir con placer y de que pueda
haber tanta diferencia entre una y otra clase de partos. Y si además
tenemos en cuenta la conjunción de la inmovilización del útero con
los factores del miedo y de la ignorancia, tendremos la explicación
de por qué el 'parirás con dolor' es una ley que ha quedado 'atada
y bien atada' por el Poder. Pues en cambio sí que se cuidan muy
bien de que ignoremos todo sobre nuestra sexualidad y de que estemos
bien informadas del dolor de los calambres del parto. Porque el
miedo que se añade a la situación descrita, nos hace contraer los
músculos en lugar de relajarlos y extenderlos, actúando en contra
de la fisiología del parto; así nadamos en contra de las olas en
lugar de a favor de ellas.
Tan rígido y contraído está el
útero de una niña cuando llega a la adolescencia, que hasta la mínima
apertura del cérvix para la menstruación produce fuerte dolor.
Pero el útero es recuperable y sabemos de jóvenes que tenían reglas
muy dolorosas, que han dejado de tenerlas después de adquirir conciencia
de su útero, visualizándolo, sintiéndolo y relajándolo.
El útero es el centro del esqueleto
erógeno de la mujer. Filogenéticamente está preparado para funcionar
produciendo placer y no dolor, lo mismo que está filogenéticamente
previsto que el coito sea placentero. Lo que no está filogenéticamente
previsto son las violaciones, es decir, las relaciones de Poder
de nuestra sociedad que obliga a hacer funcionar el aparato reproductor
de la mujer sin deseo y sin proceso de excitación sexual. Como tampoco
está previsto filogenéticamente, en el continuum de la especie humana,
que una mujer se haga adulta sin desarrollar su sexualidad.
En resumidas cuentas, desde nuestro
punto de vista, el 'parirás con dolor' [el 'no usarás tu útero']
es el correlato de la destrucción de la sexualidad de la mujer,
hecho histórico que comienza con la nueva era de jerarquización
y de relaciones de Poder de un sexo sobre otro, y que se consolida
paralelamente a la consolidación y generalización de la sociedad
patriarcal. Este hecho histórico ha sido en cierto modo reconocido
incluso por el mismo Freud cuando afirma que 'el continente
negro', la sexualidad desconocida de la mujer, tenía que haber sido
objeto de una represión específica, remota y particularmente inexorable
(17).
2.- POR QUE NECESITA EL PODER QUE
EL PARTO Y EL NACIMIENTO SEAN DOLOROSOS?
Estamos con la segunda pregunta:
¿por qué le estorba al Poder la sexualidad femenina? ¿Por qué necesita
que el parto y el nacimiento sean dolorosos, y cómo consiguieron
que fueran así?
La respuesta es: por la cualidad
específica de la líbido materna y su función en la vida humana autorregulada,
tanto en el desarrollo individual de cada criatura humana, como
en las relaciones sociales, en la formación social.
Vamos a tratar de verlo más despacio:
Las producciones libidinales se
producen en general para la autorregulación de la vida y para su
conservación. La sensación de bienestar que producen sus derramamientos
y acoplamientos es la guía -como antiguamente lo era la estrella
polar para los navegantes- de que todo está funcionando armónicamente,
que todo va bien. La líbido femenino-materna se sitúa precisamente
en el principio, para acompañar la aparición de cada ser humano,
y es imprescindible para que el desarrollo de cada criatura sea
conforme a su condición y al continuum humano; para producir el
bienestar y la autorregulación de la vida.
En todos los mamíferos hay un
'imprinting' o atracción mutua entre la madre y el cachorro, pero
en la especie humana, que somos una especie neoténica con un prolongado
periodo de exterogestación y no sólo de crianza, este 'imprinting'
se produce con una enorme producción libidinal para sustentar todo
ese periodo de inter-dependencia. M.Balint (18) afirma que
se trata de un estado de simbiosis (y no una serie de acoplamientos
puntuales) entre madre-criatura que necesariamente implica la mayor
catexia libidinal de toda nuestras vidas.
Esta especialmente fuerte catexia
libidinal, para contrarrestar el fenómeno neoténico y asegurar la
supervivencia, explica el que las mujeres fueran las primeras artesanas
y agricultoras, y el origen de la civilización humana, según informa
ya la antropología académica. (19)
Porque la cualidad específica
de la líbido materna es el devenir pasión irrefrenable por cuidar
de la pequeña criatura (que es, por otro lado, quien la ha inducido);
pasión por alimentarla, protegerla de la intemperie, del frío y
de la sequías, para darla bienestar; esta pasión desarrolló la imaginación
y la creatividad de las mujeres para recolectar, hilar, tejer, hacer
abrigos, conservar y condimentar alimentos, hacer cacharros con
barro, etc.etc. El cuidado de la criatura se convierte en la prioridad
absoluta de la madre y a su lado, el interés por las demás cosas
se desvanece. Es la condición misma, la cualidad del deseo y
de la emoción materna, que para ese cuidado de la vida mana de los
cuerpos maternos. Cualquier invento de amor espiritual no es
sino una mala copia, un pálido reflejo de la intensidad, de la pasión
y de la identificación absoluta del cuerpo a cuerpo madre-criatura.
Y esta cualidad específica de la líbido materna, no es una casualidad
ni una arbitraridad. El cuerpo materno durante la exterogestación
es nuestro nexo de unión con el resto del mundo durante la etapa
primal, porque desde ese estado de simbiosis se pueden reconocer
nuestros deseos y necesidades; a la vez que ese estado potencia
las facultades y energías necesarias para satisfacerlas.
Ahora
bien, nuestra sociedad actual no tiene nada que ver con la vida
humana autorregulada; desde hace 5000 años vivimos en una sociedad
que no está constituida para realizar el bienestar de sus componentes
sino para realizar el Poder de unos cuantos. Y por eso al Poder
le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que
secretan líbido maternal.
Porque una sociedad con cuerpos
femeninos productores de líbido materna es incompatible con todo
el proceso cotidiano de represión que implica la educación
de niños y niñas en esta sociedad. La socialización patriarcal
exige que la criatura se críe en un estado de necesidad y de miedo;
que haya conocido el hambre, el dolor, y sobre todo el miedo a la
muerte, durante el parto por asfixia y luego por abandono, miedo
este último que psicosomáticamente siente cualquier cachorro de
mamífero cuando se rompe la simbiosis. Por eso la sociedad patriarcal
se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis
madre-criatura (Michel Odent) (16), para que nada más nacer
la criatura se encuentre en medio de un desierto afectivo, de la
asepsia libidinal, y de las carencias físicas que acompañan a la
ruptura de la simbiosis, para las que su cuerpo no estaba preparado.
Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza
su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas
por la sociedad adulta, a cambio de ser 'un niñ@ buen@', es decir,
que no llora aunque este sól@ en la cuna, que come lo que decide
la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo
requiere; que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando
viene el sueño; que se traga en fin los propios deseos para, ante
todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido
cuestionada con la destrucción de la simbiosis; complaciendo
a l@s adult@s y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose
inocentemente a nuestro Poder fáctico, se acorazan, automatizan
y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización
del Poder -llámese dinero etc.- Así comienza la pérdida de la sabiduría
filogenética de 3600 millones de años y el acorazamiento psicosomático.
Es decir, que a la espiral de
la carencia->miedo-a-carecer->miedo al-abandono->miedo-a-la-muerte,
reaccionamos con la espiral del llanto->resignación->acorazamiento->sumisión.
El acorazamiento tiene dos aspectos
básicos: 1) la resignación ante el propio sufrimiento (condición
emocional para la sumisión) y 2) la insensibilidad ante el sufrimiento
ajeno (condición emocional para ejercer el Poder). Es decir, que para sobrevivir en este mundo hay
que congelar la sensibilidad emocional específica de las relaciones
de ayuda mutua en la vida humana autorregulada: pérdida de la inocencia,
pérdida de la confianza puesto que no hay reciprocidad: una congelación
y un acorazamiento necesarios para luchar, competir e imponerse
sobre el de al lado, en la guerra de conquista de posiciones, de
escalada de peldaños, de expoliación y de acaparación; porque aunque
sólo pretendamos sobrevivir, en este mundo para no carecer hay que
poseer, y para poseer hay que de algún modo robar y devastar, y
para devastar y robar hay que ser capaces ejercer la violencia contra
nuestr@s herman@s.
Para
lograr este acorazamiento psicosomático en cada criatura humana
individual, hombre o mujer, y el aprendizaje de las conductas y
de las estrategias fratricidas y jerárquico-expansivas de realización
del Poder -lo que eufemísticamente se llama educación-, se necesitan
cuerpos de mujeres que engendren y paran sin desarrollo sexual y
libidinal.
La represión del imprinting y
la prohibición de mimar y complacer a las criaturas está por ejemplo
muy claramente expuesta en diversos textos bíblicos: mima a tu hijo
y verás lo que te espera, doblégale cuando aún es tierno, etc. etc.;
y la rebelión contra el padre se castiga con la pena de muerte.
Véamos la función de la líbido
materna desde la perspectiva de las relaciones sociales:
En 1861 Bachofen (20),basándose
directamente en autores de la Grecia y de la Roma antigua, escribió
un libro en el que explica la cualidad y la función social y
civilizadora de la líbido maternal en las primeras sociedades
humanas; lo que ahora ya la antropología con la nueva aportación
de la 'revolución arqueologica' están confirmado; Bachofen
dijo que la fraternidad, la paz, la armonía y el bienestar de aquellas
sociedades del llamado Neolítico en la Vieja Europa, procedían de
los cuerpos maternos, de lo maternal, del mundo de las madres. No
de una religión de las Diosas ni de una organización política o
social matriarcal, sino de los cuerpos maternos (21).
Es decir que aquella sociedad
no provenía de las ideas o del mundo espiritual, sino de la sustancia
emocional que fluía de los cuerpos físicos y que organizaba las
relaciones humanas en función del bienestar; y de donde salían
las energías que vertebraban los esfuerzos por cuidar de
la vida humana.
Esta vertebración de las relaciones
humanas desde lo maternal, lo explica así la antropóloga Martha Moia (22):
el primer vínculo social estable de la especie humana...
fue el conjunto de lazos que unen a la mujer con la criatura que
da a luz... El vínculo original diádico madre/criatura se expande
al agregarse otras mujeres... para ayudarse en la tarea común de
dar y conservar la vida...unidas por una misma experiencia,
formando lo que esta autora llama el 'ginecogrupo'. En el ginecogrupo
el vínculo más importante era el uterino, el haber compartido el
mismo útero y los mismos pechos. Este es el origen del concepto
de la fraternidad humana, que se ha sacado de sus raíces físicas
y se ha elevado a lo sobrenatural, para corromperlo y prostituirlo.
El vínculo uterino entre un hombre y una mujer era algo fundamental
para la reproducción de las generaciones en un sociedad con sistema
de identidad grupal, horizontal y no jerarquizada, sin concepto
de propiedad ni de linaje individual-vertical; es decir, con conciencia
de reproducción grupal. Por cierto, que todavía exiten aldeas en
rincones perdidos del mundo que continúan funcionando de este modo
(23).
La díada madre-criatura y el despliegue
de la líbido materna en los ginecogrupos creaba lo que Moia
llama la urdimbre del tejido social, sobre la cual se entrecruzaba
la actividad del hombre, la trama. Este encaje de urdimbre
y trama daba como resultado ese tejido social de relaciones armónicas,
por el que puede transcurrir la líbido autorreguladora sin bloqueos
ni trabas; un campo social recorrido por el deseo productor de
la abundancia y no de la carencia (24). La arqueología ha confirmado
las relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones
de aquellas sociedades. (25)
Pues no estamos hablando de teorías
abstractas: nos referimos a civilizaciones humanas que se han descubierto
que existieron desde el 10.000 a.c., geográficamente ubicadas entre
el sur de Polonia y el norte de Africa, y desde los Urales hasta
la península Ibérica, que se sepa.
En cambio el tipo de sociedad
esclavista que consiguieron imponer las oleadas de pastores seminómadas
indoeuropeos que empezaron a asolar las antiguas aldeas y ciudades
matrifocales, a partir del 4000 a.c., al principio esporádicamente,
(26) no buscaban el bienestar y la armonía, sino la dominación para
extraer, acaparar y acumular las producciones de la vida; es decir,
crear Poder, a cualquier precio, con toda la violencia necesaria
y con los quebrantamientos de la autorregulación de la vida que
sus objetivos requisieran, con tal de sedimentar su Poder contra
esta vida humana autorregulada. Para ésto, para devastar, luchar,
conquistar, matar, expoliar y acaparar se requiere un tejido social
distinto del que se crea para el bienestar y conservación de la
vida, partiendo de lo maternal. Un tejido de guerreros, de
jefes de guerreros, de linajes de guerreros, de esclavos, de jefes
de esclavos, de líneas de mandos, de mujeres disciplinadas y dispuestas
a acorazar y adiestrar criaturas, es decir, de cambiar la maternidad
por la construcción de los linajes verticales, y organizar la crianza
de esos futuros guerreros dispuestos a matar y esclavos dispuestos
a dedicar sus vidas a trabajar para los amos; mujeres enseñadas
para enseñar a sus hijas a negar sus deseos, a paralizar sus úteros
y a hacer lo mismo que ellas.
Es decir, una sociedad con madres
patriarcales, que no son verdaderas madres sino un sucedáneo de
madres, que no crían a su prole para el bienestar y para su integración
en un tejido social de relaciones armónicas que ya no existen, sino
para el de la guerra y la esclavitud. (27) Como dice Amparo
Moreno sin una madre patriarcal que inculque a las criaturas
'lo que no debe ser' desde su más tierna infancia, que bloquee su
capacidad erótico-vital y la canalice hacia 'lo que debe ser', no
podría operar la ley del Padre que simboliza y desarrolla de una
forma ya más minuciosa 'lo que debe ser'.(28)
Entonces tenemos que la destrucción
de lo maternal no sólo destruye algo básico en el desarrollo físico
y psíquico de cada criatura, sino también y correlativamente, lo
básico de nuestra condición social y de nuestra sociedad.
Aquí
no tenemos tiempo, pero esto se puede ver en el proceso histórico.
A lo largo de 3000 años tuvieron
lugar guerras de devastación de las pacíficas ciudades y aldeas
matrifocales, durante las que se exterminaron generaciones enteras
de hombres que las protegieron con sus vidas; guerras durante la
cuales se esclavizaron generaciones de mujeres que vivían plenamente
su sexualidad y parían con placer; generaciones con las que 'desapareció
la paz sobre la tierra' según expresión de Bachofen porque
con ellas desapareció el tejido social, el espacio y el tiempo en
el que la maternidad es posible.
Según Gerda Lerner (29),
l@s niñ@s fueron la primera mano de obra esclavizada, por la facilidad
de manejarlos y de explotarlos. A las mujeres de las aldeas conquistadas,
se las mantenía vivas para la producción de mano de obra, montándolas
y preñándolas como al ganado. Y así empezó la maternidad sin
deseo, por la fuerza bruta.
La consolidación y generalización
del patriarcado fue un proceso discontinuo y largo, que fueron no
décadas, ni siglos, sino varios milenios. Tras las guerras venían
las treguas, las fronteras, el rearme, la vida bajo la amenaza y
la presión del enemigo, es decir, los periodos de guerra 'fría',
durante los que se crean las formas de sumisión voluntaria de
la mujer, producto de diferentes pactos, basadas en las incentivaciones
sociales y en el chantaje emocional, pero también en la búsqueda
de situaciones que fueran el menor mal posible para ellas y para
las criaturas.
Además, la agresividad del guerrero
o la docilidad del esclavo o de la esclava reside, desde luego,
en que lo sea desde su más tierna infancia; pero también depende
del arte de combinar el látigo y el hambre con incentivaciones,
mitos engañosos y chantajes emocionales, de los que tenemos abundantes
pruebas, no sólo arqueológicas, sino escritas, como el famoso Código
de Hammurabi (30), rey de Mesopotamia en el 1800 a.c., en un
estadio ya avanzado de la transición.
En los orígenes del patriarcado
la paternidad era adoptiva, esto es, los primeros patriarcas adoptaban
(31) a sus seguidores o filios entre los niños mejor educados y
preparados para las guerras y el gobierno de los incipientes Estados,
y las mujeres adquirían un rango en función del que adquirían sus
hijos e hijas (esposas, concubinas, esclavas), de manera que incluso
su supervivencia y la de sus criaturas dependían a menudo de su
firmeza en el adiestramiento de éstas. Esto es un ejemplo de un
tipo de incentivación que va conformando la madre patriarcal; la
mujer que subordina el bienestar inmediato de sus hij@s a su preparación
para el futuro éxito social, en una sociedad jerarquizada y competitiva;
y además que tiene su cuerpo disciplinado para limitar su líbido
sexual a la complacencia falocrática.
Según se va desapareciendo la
sexualidad específica de la mujer y se va consolidando la maternidad sin deseo y la madre
patriarcal, se van institucionalizando formas de matrimonio,
porque ya se puede predecir a priori que una muchacha será, como
se suele decir, 'una buena madre y una buena esposa' y que criará
a su prole de forma adecuada. En realidad, el matrimonio y la paternidad
tal cual la conocemos hoy data del Imperio romano.
Entre los engaños míticos está
la satanización de la sexualidad de la mujer. Como dice la Biblia:
la maldad es por definición lo que mana del cuerpo de la mujer.
De los vestidos sale la polilla y del cuerpo de la mujer la maldad
femenil, dice la Biblia; y también que ninguna maldad es
comparable a la maldad de la mujer. La mujer tiene que sentir
vergüenza de su cuerpo incluso ante su marido, que debe cubrirse
de velos, considerarse impura. Esto es una percepción efectivamente
paralizante de los cuerpos. La mujer seductora y seducible, voluptuosa,
sólo puede ser una puta y una zorra, absolutamente incompatible
con una buena madre, cuyo paradigma es una virgen que engendra
sin conocer varón y que tolera resignadamente la tortura y la muerte
de su hijo en sacrificio al Padre.
Con las generaciones se va perdiendo
la memoria sobre la otra manera de vivir y de parir, la otra percepción del cuerpo
de la mujer, cuyo rastro, retrospectivamente, podemos encontrarlo
en tres lugares: en el Hades (a donde enviaron lo que no debe ser
y debe permanecer oculto), en el infierno (a donde va todo lo que
es maligno), y también en lo más hondo de nuestro ser psicosomático.
La milenaria represión sexual
de la mujer,
acompañada de toda clase de torturas físicas y psíquicas, es algo
relativamente bien conocido. Pero quizá no es igualmente sabido
que esa represión ha tenido por objeto impedir que irrumpa nuestra
sexualidad. Porque para que una mujer se preste voluntariamente
a hacer de madre patriarcal, hay que eliminar la líbido materna,
para lo cual hay que impedir el desarrollo de su sexualidad desde
su infancia.
Así se consuma el matricidio histórico,
somatizándose en el cuerpo de cada mujer generación tras generación. Como
dice Amparo Moreno, cada vez que parimos, afirmamos la
vida que no debe ser, bloqueamos la capacidad erótico-vital
de la criatura, para a continuación adiestrarla de acuerdo con el
orden establecido. (28).
Esta es la maldición de Yavé:
paralizar los úteros para paralizar la producción libidinal de
la mujer, y cambiar el tejido social de la realización del bienestar
por el tejido social de la dominación y de la jerarquía.
Tras la devastación de la sexualidad
y la paralización del útero, se construye 'el amor materno' espiritual,
destinado ante todo a neutralizar y reconducir las pulsiones y los
deseos que puedan impedir la represión y el adiestramiento de las
criaturas; y junto a ese 'amor', se construye la imagen de la madre
abnegada y sacrificada, dedicada a la guerra doméstica de vencer
la resistencia de las criaturas a formar parte de este tejido social.
La 'cualidad' del 'amor' espiritual es la de neutralizar la com-pasión
y el con-sentimiento que puedan irrumpir y agrietar las corazas,
y que pueden llegar a hacer imposible la represión y el sacrificio
de l@s hij@s al Padre, al Espiritu Santo, al Capital, al Estado,
al sistema de enseñanza obligatorio, etc. etc.
Porque, en cambio, el amor
que nos sale de las vísceras, a diferencia del que dicen que
sale del alma escondida tras los cuerpos acorazados, sólo sabe complacer
y aplacer a los hij@s y es incompatible con el sufrimiento y con
la angustia que presiden su socialización en este mundo.
3.- ... Y QUE SEA INIMAGINABLE
(LA DESAPARICIÓN DE LA SERPIENTE)
Después de las guerras de devastación,
ya constituida la sociedad patriarcal, siguió habiendo una dura
y larga resistencia, durante la cual se siguieron exterminando
a las mujeres que guardaban el rescoldo del antiguo modo de vida
y de la otra sexualidad. Para justificar este holocausto, se creó
la imagen de la 'bruja' que tiene trato con el demonio, que todavía
perdura en nuestros días.
Pero la vida es como es, y no
deja de serlo, a pesar y en contra del Poder. Y para impedir que
nuestra sexualidad se desarrolle, además de silenciarla había que
hacerla inimaginable, eliminando todo aquello que pudiera delatarla
o aludir a su eventual existencia.
Por ello tuvieron que cambiar
el significado de los símbolos de las culturas neolíticas, que habían
estado durante milenios vinculados a nuestra sexualidad. Símbolos
presentes en costumbres y objetos materiales de la vida cotidiana.
Para conseguirlo se escribieron las historias y los mitos que
cambiaron el significado y el sentido de aquellos símbolos (las
grandes obras míticas, como la Biblia o la Iliada
se escribieron en el siglo VIII a.c). El nuevo orden simbólico
correlativo al nuevo orden social, proyecta en nuestra imaginación
y en nuestro inconsciente el modelo de mujer patriarcal: una falsa
percepción de nuestros cuerpos, con una
orientación exclusivamente falocéntrica
de nuestro anhelo emocional, que debe acompañar la relación de sumisión
al hombre.
Este proceso de construcción del
nuevo orden simbólico, se puede verificar siguiendo el rastro del que fue símbolo de nuestra
sexualidad en casi todas las culturas: la serpiente.
La importancia y la omnipresencia
de la imagen de la serpiente había sido correlativa a la importancia
del despliegue de la líbido femenina. Hacer que la serpiente desapareciera
era imposible. Por eso lo que hicieron fue eliminar su fuerza
simbólica, que mantenía viva la memoria, el recuerdo y la posibilidad
de imaginar otra forma de ser mujer.
Cambiaron su significado simbólico
cambiando las historias míticas, y convirtiendo el movimiento ondulante
de la serpiente en un símbolo de todos los males y de todos los
demonios. También el asco que nos producen los reptiles, sus mucosas
y sus pieles húmedas, es una construcción cultural paralela al asco
y al pudor que sentimos hacia nuestros cuerpos y sus fluidos, y
que tiene por objeto sacar de nuestra imaginación su sentido maternal
y simbiótico.
El orden simbólico tiene que hacer
a lo bueno, malo, y a lo malo, bueno.
Así, junto a la satanización de
la sexualidad de la mujer, se sataniza también a la serpiente que
pasa a ser el demonio del infierno judeo-cristiano; y el infierno
y el Hades pasaron a ser los lugares a donde va todo lo que no debe
ser, por contraste de los cielos donde habitan los paradigmas de
lo que debe ser; y el guardián del Hades en la mitología griega,
fue el can Cerbero, hermano de la amazona Medusa, la de la cabellera
de serpientes, que lleva también el lomo lleno de serpientes y su
cola es una serpiente. Las sirenas y las Nereidas que representaban
la asociación de lo femenino con el agua, se convirtieron en monstruos
marinos que atacaban a los héroes, como Escila que no deja a Ulises
pasar por el estrecho de Mesina. Atenea, en un tiempo representada
con serpientes, pasa a ser la diosa de la guerra, y las serpientes
pasan simbólicamente a manos de Esculapio, dios, como no, de la
Medicina, y de Hermes, dios de la fertilidad, de manera que la sexualidad
femenina en vez de ser una emanación de la mujer para la autorregulación
de la vida, pasa a ser algo administrado y gobernado por los dioses.
En todas las culturas aparece
el héroe o el dios que desafía y mata la serpiente: Zeus mata a
Tifón, Apolo a la Pitón, Hércules a la Hidra, Perseo a Medusa y
Jasón vence al dragón que guardaba al vellocino; el dios mesopotámico
Marduk mata a las serpientes de la diosa Tiamet, y el hindú Krisna
a la serpiente-demonio Kaliya. En las culturas cristianas, después
del famoso y explícito mito del Génesis (pondré enemistad entre
tí y la serpiente), la virgen María vuelve a aplastar a la serpiente,
San Jorge al dragón de Inglaterra, San Patricio a la serpiente de
Irlanda, San Miguel a diversos dragones...
Ante el cuadro del Museo del Prado
de Cornelio de Vos que representa Apolo matando a Pitón,
un profesor de instituto les decía a sus alumnos y alumnas que simbolizaba
el origen de nuestra civilización. Siempre nos sorprendemos
cuando descubrimos que ellos ya sabían estas cosas. Es la complicidad
transgeneracional de los señores del Poder y de la Guerra.
Fijaos que la resistencia al orden
patriarcal a lo largo de los siglos la delatan los mitos: porque
la Virgen María tiene que volver a aplastar a la serpiente que ya
había sido enviada por Jehova al Infierno 2500 años antes. Y en
la Edad Media, para hacer las naciones modernas y acabar con el
relativo descontrol de las aldeas desperdigadas por la tierra, siguen
haciendo falta mitologías con santos que matan a las serpientes
locales: San Jorge en Inglaterra, San Patricio en Irlanda, pueblos
en donde los campesinos celtas animados por los druidas conservaron
durante mucho tiempo reductos de antiguos modos de vida.
Arturo
es otro mito, en plena Edad Media que representa, al igual que Edipo,
la tragedia de la transición. Arturo, no mata al dragón, sino que
lo salva, era conocido como Arturo de Pendragón, y al principio
llevaba su imagen en su estandarte porque era un caballero que defendía
el antiguo modo de vida. Llevaba sendas serpientes tatuadas en ambas
muñecas.
Junto al cambio de significado
simbólico de la serpiente, está la inversión de lo que vale, del
bien y del mal, y también, la significación de los que la matan:
el héroe o el santo. Matando a la serpiente, el santo salva nuestras
almas y el caballero o el príncipe azul, nuestros cuerpos.
Dice Robert Graves que
muchas de estas historias son versiones falseadas de las originales;
y asegura que las fábulas de las doncellas salvadas por héroes,
que matan a los dragones o a los monstruos, sólo puede deberse a
un error 'iconotrópico': porque la doncella o la princesa no es
la futura víctima de la serpiente, sino que ella es quien ha sido
encadenada por Bel, Marduk, Perseo o Hércules depués de haber vencido
éstos al monstruo que era una emanación de ellas.
Este cambio en los mitos corresponde
al paso de la dominación de la mujer por la fuerza bruta (se captura
a la mujer tras destruir por la fuerza lo que emana de ella), a
la sumisión voluntaria de la misma (la mujer se considera 'salvada'
cuando se destruyen las monstruosas emanaciones de su cuerpo).
4.- TENDER
LA URDIMBRE...
He intentado explicar por qué
el parto es una cuestión de Poder.
Parir con dolor no es una cuestión
médica, ni una cuestión de la salud de nuestros cuerpos individuales.
Recuperar el potencial sexual femenino y revitalizar nuestros úteros
es una revolución social contra 5 milenios de cultura patriarcal,
porque es una sociedad que no puede funcionar con cuerpos de mujeres
que secreten líbido materna.
El malestar de nuestra cultura
se debe a todo lo que desencadena la robotización de la función
materna, al desquiciamiento de la sexualidad,
las relaciones patológicas y el desierto afectivo que este desquiciamiento
produce. Lo malo del chupete, por ejemplo, no es que el pezón sea
de plástico, lo peor es el cuerpo que falta detrás del chupete.
Lo peor es la orfandad, la falta de calidez (32). Este mundo es
inhóspito, porque han matado a la madre y todos y todas somos huérfan@s
(27), y por eso no nos podemos reconocer como herman@s. La verdadera
fraternidad es la que sale de los cuerpos físicos.
No debe extrañarnos que la lucha
contra los hábitos y costumbres de la maternidad patriarcal encuentre
tanta dificultad. Creo que para ir abriendo camino hay que poner
en marcha la ayuda mutua práctica y cotidiana entre las mujeres;
así como un nuevo tipo de relación entre hombres y mujeres que recupere
el espacio y el tiempo de la maternidad. Pues nuestros cuerpos
vivos sólo necesitan un poco de conciencia para desatar toda su
potencia sexual, un caudal infinito latente de energía y pasión
por el bienestar de los demás. Sabemos que es destino de todos
los cuerpos femeninos y masculinos, hacerse regazo y no coraza.
Además están ahí nuestros hijos e hijas, nuestras criaturas, reclamando
su derecho a tener madre, a nacer gozosamente y a encontrar un mundo
donde vivir con calidez y armonía.
Hay que recuperar la transmisión
por vía oral de la verdadera sabiduría de lo que es bueno y
de lo que es malo; esta es una vía que es mucho más difícil de controlar
y manipular para cambiar el significado de las cosas. Hay que correr
la voz. Se acabó el acceso prohibido a la ciencia del bien y del
mal. Se acabó el Hades y todo lo que allí ocultaron. Las mujeres
tenemos que contarnos muchas cosas. De mujer a mujer, de mujer a
niña, de madre a hija, de vientre a vientre.
Porque lo que se plantea no es
una preparación al parto distinta, que comenzase con cada gestación.
Es la recuperación de una sexualidad que debe impregnar todas nuestras
vidas y las de nuestras hijas, desde pequeñas. Para parir con placer,
hemos de empezar por explicar a nuestras hijas que tienen útero,
que cuando se llenan de emoción y de amor, palpita con placer; recuperar
las verdaderas danzas del vientre, para que cuando lleguen a la
adolescencia no tengan reglas dolorosas, sino que se sientan en
ese estado especial de bienestar similar al de la gravidez. Hemos
de hacer hogueras para quemar los informes médicos del tipo del
recientemente aparecido que afirma que la menstruación es una enfermedad
y que hay que eliminarla tomando píldoras ininterrumpidamente (33).
Hemos de re-conquistar nuestros
cuerpos y re-aprender a mecer nuestro útero, a conectar sus inervaciones
voluntarias con las involuntarias; sentir su latido y acompasarlo
con todo nuestro cuerpo. Que la exuberancia de nuestra plena sexualidad
acabe con las contracciones dolorosas y sólo haya el movimiento
palpitante de nuestros músculos relajados y vivos.
También
tenemos que pedir a los hombres que no duden, como Arturo, y que
no se quiten las serpientes de las muñecas, ni quiten el dragón
de los estandartes. Hay que dejarse de rivalidades. Ni envidia
del pene ni envidia del útero. La envidia es el correlato de la
jerarquía. En la vida no hay jerarquía, hay fenómenos y funciones
diversas. Ni el corazón tiene envidia del hígado, ni el sistema
circulatorio es superior al digestivo, por decir algún ejemplo.
La diversidad tiene que funcionar para que haya armonía, que no
es ningún estado místico, sino la sensación de bienestar que produce
la vida autorregulada. Para restablecer la armonía entre los sexos
tiene que haber sexo femenino; para que haya encaje armónico entre
la urdimbre y la trama, hay que tender primero la urdimbre. Hay
que recuperar la maternidad, el espacio y el tiempo de la simbiosis
primaria.
BIBLIOGRAFIA
(1) Expresión acuñada por el arqueólogo
James Mellaart (Cathal Huyuk, Nueva York, McGraw Hill,
1967, y Excavations at Hacilar Edinburgh, University Press,
1970) que ha trabajado en los sitios arqueológicos de Turquía.
La excavación de Hacilar fue prohibida y paralizada definitivamente
por el Gobierno inglés, "uno de los capítulos más trágicos
en la historia de la arqueología" según Mellaart. Ver también
la obra de Marija Gimbutas, que ha hecho un estudio al respecto
en base a varios miles de piezas decoradas y talladas en la llamada
'Vieja Europa': Diosas y dioses de la Vieja Europa, Madrid,
Istmo 1991, y El lenguaje de la diosa Oviedo, Dove 1996.
(2) De las Casas, Bartolomé.
Historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica, México,
1986 (1
publicación 1552)
(3) Según Merelo-Barberá, J.
Parirás con placer. Kairós, Barcelona, 1980.
(4) Ola Raknes "Educación
económica sexual" International Journal of Sex Economy and
Orgone research, vol 2, 1943.
(5) Masters,W. y Johnsons,V.
Human Sexual Response.Intermédica, México 1978.
(6) Choisy, M. La guerre
des sexes Publications Premièrs. Paris 1970. Pg 45-47
(7) V.V.A.A. Mamatoto: la celebración
del nacimiento. Plural ediciones, Barcelona 1992.
(8) Citados en: Anderson, B.S.
y Zinsser,J.P. Historia de las Mujeres: una historia
propia. Crítica, Barcelona 1991.
(9) Sagan, D. Por qué
las mujeres no son hombres, El País 02.08.1998
(10)
Ver Museo del Oro en Santa Fé de Bogotá.
(11) El sufrimiento fetal durante
el parto ha sido detectado por varios autores; por ejemplo, Konrad
Stettbacher Pour quoi la souffrance? Aubier, Paris 1991.
(12) Véase estudios del Dr.Serrano
Vicens y del Dr. Schebat del Hospital Universitario de París citados
en Pariras con placer, asi como los del propio Juan Merelo
Barberá.
(13) Jacobsen,
Thorkild. The Treasures of Darkness Yale Un. Press, 1976 Pg 108.
(14) Pepe Rodríguez Dios
nació mujer Ediciones B.,S.A., Barcelona, 1999 Pag.314.
(15) Leboyer, F. El
parto: crónica de un viaje, Pags. 244-246 Subrayados
nuestros.
(16) Odent, M. El bebé
es un mamífero. Mandala, Madrid, 1990.
(17) Freud llega textualmente
a decir: El conocimiento de una época pre-edípica en la mujer
ha provocado en nosotros una sorpresa similar a la que, en otro
campo, suscitó el descubrimiento de la civilización minoico-micénica
anterior a la civilización griega. Todo, en el ámbito de la primiera
vinculación con la madre, me parece difícil de captar analíticamente,
oscuro, remoto, sombrío, difícil de devolver a la vida, como si
hubiera caído bajo una represión particularmente inexorable. Sobre
la sexualidad femenina (1931), Obras completas, tomo III pag.
518. Madrid, Biblioteca Nueva, 1968. Citado por Silvia Tubert
en Figuras de la Madre.
(18) Balint, M. La
Falta Básica Paidós, Barcelona 1993 (1 publicación: Londres y Nueva York 1979)
(19) Pepe Rodríguez, obra citada.
Ver por ejemplo también, la obra del paleontólogo norteamericano
Stephen Jay Gould.
(20) Bachofen, J.J. Mitología
arcaica y derecho materno. Anthropos, Barcelona, 1988. (1ª publicación, Stuttgart, 1861).
(21) Subrayamos este aspecto,
porque en las versiones castellanas de Bachofen, se viene traduciendo
'mutterlich' (maternal), 'muttertum' (entorno de la madre) y 'mutterrecht'
(derecho de la madre) por 'matriarcado'. Sin embargo cuando Bachofen
se quiere referir al 'archos' femenino de la transición, utiliza
el término de 'gynecocratie'.
(22) Moia, M. El no
de la niñas laSal edicions de les dones, Barcelona, 1981
(23) Ver artículo de Paka Díaz
en El Semanal del Diario La Verdad de Murcia, del 16-22 de
Julio 2000, Los Musuo, el último matriarcado.
(24) Deleuze, G. y Guattari,
F. El anti-edipo, capitalismo y esquizofrenia Paidós, Barcelona,
1985.
(25)
En esto ya no hay discusión, empezando por la misma Gimbutas.
(26) Gimbutas, Mellaart, Eisler,
Rodríguez etc.
(27) Sobre el matricidio, ver
particularmente la obra de Victoria Sau: La maternidad:
una impostura Revista Duoda, nº6 Barcelona, 1994; El vacío
de la maternidad Icaria, Barcelona 1995, entre otros.
(28) Carta de Amparo Moreno
a la Asociación Antipatriarcal, Boletín nº 4, Madrid, diciembre
1989.
(29) Lerner, G. La creación
del Patriarcado Crítica, Barcelona, 1990.
(30) El código de Hammurabi son
282 leyes (con un prólogo y un epílogo) grabadas sobre un falo de
basalto de 2,05 m., que se encuentra en el Museo del Louvre; esta
leyes regulan ya un sistema de propiedad y de adopción pormenorizado.
Edición de Federico Lara Peinado en Tecnos, Madrid, 1986.
(31) Sobre el orígen adoptivo
de la paternidad, véase por ejemplo el estudio de Assmann
en el Antiguo Egipto: en Tellenbach, H. et al. L'image du père dans le mythe
et l'histoire. PUF, Paris 1983
(32) Moreno A.
Pensar la historia a ras de piel
Ed. Tempestad, Barcelona, 1991.
(33) Ver artículo en el diario
El Mundo del 1 de julio 2000 de
Myriam Lopez Blanco: ¿Debería ser opcional la
menstruación? |