LAS
RAICES EMOCIONALES DE LA AUTORIDAD Y DE LA PROPIEDAD
Casilda Rodrigáñez
Bustos
1.- INTRODUCCIóN
Tengo
la sensación de que el tema del que voy a hablar pilla un poco a
contracorriente, aquí en Latinoamerica, donde la lucha contra el
Poder político y militar es tan virulento e inmediato. Sin embargo,
aún aquí es imprescindible hacer el cuestionamiento global y radical
del Poder, incluido el que llevamos dentro. La sociedad patriarcal
la hacemos todos y todas; no es algo exterior a nosotros. Las instituciones
descansan en los individuos que hemos sido formados para la obediencia
a la autoridad y para entender los bienes, la tierra y las personas
como posesiones.
Siempre nos han dicho,
para disuadirnos de las utopías, que el principio de autoridad
y el sentido de la propiedad van unidos a la misma condición
humana, y cuando se habla de ello, siempre sale a relucir el ejemplo
de los celos, que dicen que salen de dentro, y que prueban que la
posesividad es consustancial a la naturaleza humana. Y es cierto
que tanto el sentido de la propiedad como el principio de autoridad
están arraigados en lo más profundo y básico de nuestra psique y
de nuestras emociones, pero porque éstas también son objeto de
la educación y de la manipulación de la sociedad patriarcal;
de la domesticación que se lleva a término con cada criatura humana.
En esta educación
hay dos partes o dos aspectos: la educación emocional propiamente
dicha, y la devastación de la vitalidad de la criatura humana que
se realiza previamente.
2.- LA DEVASTACION
La devastación de
la vida es algo previo que el Poder debe realizar antes de acometer
la extorsión y la explotación de la vida, como hicieron los españoles
que llegaron al continente americano, que arrasaron la selva para
poder hacer las plantaciones de monocultivos extensivos. Siempre,
antes de las acciones de explotación, de acaparación y de acumulación,
hay una acción de devastación de la abundancia y de la riqueza de
la vida.
Lo originario del
Capital -de la propiedad patrimonial- no es la acumulación sino
la devastación. Antes de la construcción del Estado y de la Familia
hubo también una devastación del tejido social de apoyo mutuo.
Y para domesticar
al ser humano se realiza también una devastación en cada pequeña
criatura humana, para poner en marcha el proceso de educación de
las emociones y de la psique.
Lo
que ocurre es que se realiza de tal modo que no nos apercibimos
de ello, porque nos presentan los resultados de la devastación como
si fuera lo que había habido siempre, y como si no hubiera habido
devastación. Es como si incendian un bosque, y luego nos dicen que
no hubo nunca ni incendio ni bosque, y que lo que hubo siempre es
el desierto.
Voy a tratar de explicar
el tipo de devastación que padece la criatura humana. Cuando hace
ya más de 100 años se investigó la psique humana y se inventó el
concepto de 'inconsciente' para definir la parte no consciente de
nuestra condición humana, se encontraron con lo que se ha venido
llamando 'complejo de Edipo', o triangulación edípica de los deseos,
de las emociones y de los sentimientos, y nos lo presentaron como
lo propio de la condición humana, como algo innato. Pero, como
dijeron Deleuze y Guattari, el Edipo no es innato,
sino que es precisamente la parte de la psique ya educada y modelada
de acuerdo con el orden social; que además sirve para tapar lo que
había antes de la edipización, para enmascarar la herida de la devastación.
Pero también mencionaron
(Freud, Lacan) haber topado con algo más, en lo más
oculto y profundo de nuestro ser, que llamaron 'lo real-imposible',
y, refiriéndose a la sexualidad de la mujer, un 'continente
negro' que se les escapaba de sus esquemas, que no entendían
ni podían interpretar; algo que otros (Groddeck) reconocían
como algo indefinido e ignoto. Lo cierto es que no
llegaron a investigarlo ni a entenderlo, quizá porque no pudieron,
o porque, dándose cuenta de que aquello ponía en entredicho el orden
social, no se atrevieron.
¿Qué querían decir
Freud y Lacan al afirmar que había algo real pero imposible? ¿Cómo
puede haber algo real y al mismo tiempo imposible? Quizá nos ayude
a descifrarlo el mito bíblico de la expulsión del Paraíso: un paraíso
real, terrenal, que existe pero que está prohibido por la Ley, y
que por lo tanto es imposible.
O sea, que lo real
es imposible porque lo prohibe la Ley.
¿Y qué es lo real
imposible? Lo real son nuestros deseos primarios, descodificados,
antes de ser sometidos a la devastación de la sociedad patriarcal;
nuestros deseos que se mueven por el principio del placer, antes
que la Ley los manipule para adaptarlos a la Realidad patriarcal.
Y ¿qué es lo prohibido?
Lo prohibido, e imposible en esta sociedad, es crecer, desarrollarnos,
en la saciedad de nuestros deseos; la expansión de la vida humana
por la vía de la saciedad de los deseos.
La expulsión del
paraíso terrenal y real es, pues, la expulsión de un continente
negro en el que todos y todas, hombres y mujeres, hemos habitado,
pero que ha quedado fuera de nuestro mundo conceptual y simbólico,
y por eso es impensable e indecible. Sin embargo, es de hecho la
negación brusca y radical de una sexualidad primaria y materna.
De nuestra estancia en ese continente sólo nos queda un anhelo emocional
que proyectamos hacia el futuro.
Cuando hablamos de
la represión de la maternidad, del matricidio, de la transmutación
de la madre entrañable en una madre patriarcal, parece que estamos
hablando de algo sin importancia, casi de una novela rosa.
Pero se trata de
la destrucción de la trama social básica de apoyo mutuo que corresponde
a la condición del ser humano. Cuando una criatura succiona un
pezón de plástico, lo malo no es sólo que succiona el plástico,
lo malo es el vacío detrás del chupete, la falta del cuerpo humano
detrás del chupete. El chupete de plástico es una imagen que representa
la correlación entre la devastación del tejido social y la devastación
de cada criatura.
La expulsión del
paraíso significa la desaparición de la madre amante, de la relación
de tú a tú entre dos amantes, y su sustitución por una relación
de sumisión/autoridad (Amparo Moreno). Se trata de cambiar
la madre verdadera por la madre patriarcal que no reconoce los deseos
de las criaturas, que es insensible a su sufrimiento y que es capaz
de reprimirla. Este es el principio de la Autoridad en nuestras
vidas.
La represión de los
deseos y la obediencia a la autoridad se convierten en algo bueno;
y nuestros deseos, o no cuentan o son malos. Este es el origen
de la angustia existencial.
Desde este punto
de vista, la represión del deseo del cuerpo materno es lo más importante
que ocurre en nuestras vidas y desde luego de rosa no tiene nada.
No vamos a entrar por falta de tiempo, en las consecuencias en términos
de sufrimiento de ambas simbiontes, ni en las implicaciones respecto
a la represión y negación de la sexualidad de la mujer; puesto que
se trata ahora de entender el cambio que acontece en la psique de
la pequeña criatura humana.
Se trata de entender
el cambio del deseo por la necesidad, y de la abundancia
de la producción por la carencia; el cambio del deseo por un
miedo abyecto a carecer (Deleuze y Guattari).
Necesidad, carencia y miedo que no había antes de la devastación,
lo que no era innato.
¿Por qué cambiar
el deseo por la necesidad? Porque si el deseo nos lleva al bienestar
y a ser libres, la necesidad nos lleva a la sumisión.
En la espiral de
la necesidad, de la carencia, del miedo a carecer, y en la lucha
por la supervivencia en un entorno devastado, el Poder aplica sus
sutiles mecanismos de chantaje emocional engarzados con unos paradigmas
engañosos de bienestar.
Pero antes de entrar
en este punto, hay qué decir en concreto cómo y cuándo se realiza
el cambio, la expulsión del continente negro. Vamos sólo a mencionar
los tres momentos de nuestra etapa primal que se interfieren o se
bloquean.
1) Haciendo que el
embarazo no sea deseado libidinalmente; esto prepara el terreno
para la formación de la madre patriarcal, que no es capaz
de re-co-nocer (re-co-naître) ni de sentir-con los deseos de su
prole; la madre robotizada que no place ni aplace sino que reprime
a las criaturas, que es insensible a los sufrimientos de las criaturas,
y que en lugar de madre deviene Autoridad.
2) El parto violento
desde un útero que no se abre suavemente, sino con contracciones
violentas, cuyas paredes se tensan como si fueran acero, produciendo
un tránsito lento (la madre en posición horizontal en decúbito supino),
con atascos, golpes y presiones en todo el cuerpo de la criatura,
sensación de asfixia, de estar atascada ahogándose, de la proximidad
de la muerte por asfixia, es decir, la angustia mortal; esto organiza
la experiencia, que hasta entonces no habíamos tenido, de que algo
muy malo es posible que suceda; es decir forma parte de la creación
del miedo necesario para organizar el chantaje.
3) El apartamiento
de la madre después de nacer y el rompimiento prematuro y brusco
de la simbiosis materna; la supervivencia organizada mediante una
robotización de la extero-gestación y de la crianza. Esto significa
también sensación y experiencia de angustia mortal -para cualquier
mamífero la falta de madre al nacer se interpreta psicosomáticamente
como la muerte, porque, de hecho, significa la muerte. Aquí se
consuma la operación de la devastación primaria.
3.- EL CHANTAJE Y
LA EDUCACION
Para entender el
chantaje emocional vamos a imaginarnos que el aire que respiramos
nos ha sido desposeído (creo que es casi lo único de la vida de
lo que todavía no hemos sido desposeídos) y que nos ponen una escafandra
de oxígeno para respirar; y que vamos por un camino trazado andando
con nuestra escafandra, pero si nos salimos un poquito por la orilla
nos la quitan, y cuando volvemos a andar sin pisar la raya del borde
del camino, nos la vuelven a poner. Y así nos la van quitando y
poniendo a ratitos según nuestro comportamiento. En la pequeña
criatura humana, la falta de afectividad es tan letal como la falta
de aire.
La
necesidad del afecto nos convierte en seres sumisos que andan por
un camino trazado; hace que, voluntariamente, nos comportemos, no
según nuestros deseos –que ya no se producen o si se producen se
inhiben-, sino para complacer a nuestros mayores. Es un chantaje
sutil, que al principio se realiza sin palabras. La sonrisa, la
mirada, el tono de voz, la caricia de la madre va definiendo el
camino de nuestra resignación y de nuestra sumisión. Aceptamos
sin darnos cuenta que nos reprimen por nuestro bien; que la represión
es buena; que nuestros deseos no cuentan o son malos; y aceptamos
la inversión del principio del placer: lo que es bueno pasa a ser
malo, y viceversa. Al principio, lloramos en señal de protesta.
Poco a poco vamos dejando de llorar según vamos 'madurando', pasando
las etapas previstas por la psicología, y adquiriendo el uso de
la razón patriarcal.
Al aceptar que lo
que hacen nuestros padres es por nuestro bien, nos queda prohibida
la rebelión interior. Nos hemos convertido en criaturas inconscientemente
sumisas y crecemos creyendo que la Autoridad pertenece al orden
natural de la vida. ES la génesis de la Servidumbre Voluntaria
que describió Etienne de la Boëtie.
Paralelamente, como
nuestra existencia como seres productores de deseos, nuestra verdadera
'identidad', no es reconocida; como nos han desposeído del aire
para respirar, nuestra supervivencia depende de tener la
escafandra de oxígeno; de la posesión de una cuota de aire; de afecto.
La abundancia ha sido sustituida por la carencia, y entonces
la carencia se suple con la propiedad. En este mundo para no
carecer hay que poseer; poseer bienes y personas. Mi cuota de oxígeno
son 'mi' papá y 'mi' mamá, y tenemos que afirmar nuestra existencia
como poseedores, puesto que no es reconocida como productora de
deseos, puesto que no existe un tejido social adecuado a mi existencia,
puesto que han matado a la madre. Por eso las pequeñas criaturas
humanas siempre están diciendo 'mi' papá, 'mi' mamá, 'mi' casa,
etc. Es el 'yo-poseedor', la identidad como ser poseedor lo que
se está formando, por contra de un vivir disuelto en un grupo, en
un entorno de apoyo mutuo; por contra de la verdadera 'identidad'
de la criatura deseante. Por eso los antropólogos hablan de un
sistema de identidad grupal en ciertas tribus.
4.- EL ORDEN SIMBOLICO
El
chantaje emocional que hemos descrito se inscribe en un orden simbólico
que manda y determina nuestro inconsciente con la misma contundencia
que el orden capitalista determina la economía. Las figuras de
la madre patriarcal y del padre tienen una fuerza simbólica, que
llenan de contenido nuestras emociones y todo lo que mana de la
herida de la devastación (miedo, humillación, ansiedad, soledad).
Son imágenes que canalizan todas las emociones, las necesidades,
las carencias, dando una falsa conciencia de lo que ocurre, de lo
que me pasa; y así se determina nuestro 'yo', como el vértice inferior
del triángulo edípico. 'Yo' soy de mi papá y de mi mamá, esa es
mi salvación; la salvación de la angustia mortal, de todas las ansiedades
y miedos. La afectividad se ha transformado en propiedad y en sumisión.
Desde esta constitución del 'yo', el Poder anida y parasita nuestro
anhelo libidinal.
Pero además el padre
y la madre representan el modelo humano de lo que tengo que ser.
Los arquetipos de hombre y de mujer en los que nos tenemos que convertir.
Los arquetipos representan una tendencia permanente de la
imaginación afectiva (Jung). Y hacia ellos proyectamos nuestro
anhelo libidinal, la carencia, la ansiedad y la frustración de la
represión de la sexualidad primaria. La salvación ahora consiste,
para la mujer, en ser poseída en exclusiva por un hombre; y para
el hombre, en poseer en exclusiva a una mujer. El anhelo de la
simbiosis materna se interpreta con el mito de la media naranja,
del príncipe azul y de Blancanieves o Cenicienta o la Bella Durmiente;
del matrimonio y de los 'happy-end' de la narrativa o del cine.
(En cambio, Bartalomé de las Casas decíaque en el año 1506,
los arawaks de la isla La Española no tenían ley matrimonial alguna
y que los hombres y las mujeres se escogían y se dejaban sin celos,
enfados ni rencores).
Los arquetipos tienen
un contenido muy preciso y van a conformar unas relaciones patológicas
entre los dos sexos (de autoridad/sumisión y de propiedad), y entre
el/la adulto-a y las criaturas. Los géneros tienen, pues, no solo
arquetipos paradigmáticos y roles definidos, sino también profundas
raíces emocionales. La identificación con los arquetipos es lo
que nos hace hombres y mujeres autoritarios y/o sumisos a la autoridad,
patológicamente dependientes y con sentido de la propiedad. Esta
identificación se inicia en la etapa primal de nuestras vidas.
5.- EPILOGO
Las fuentes de conocimiento
de lo indefinido, de la devastación oculta, del Crimen de la Madre,
son ante todo nuestros sentimientos y los estremecimientos de nuestros
cuerpos devastados cuando entran en contradicción con el orden establecido.
Lo propio de la vida es la an-arquía, las relaciones sin Poder.
Nuestros sentimientos como mujeres y como madres a veces contradicen
la Autoridad y la represión que tenemos que ejercer sobre nuestras
criaturas, o la Sumisión que debemos a los hombres. Esta es una
fuente de conocimiento de la condición humana.
También hay otras;
investigaciones realizadas en diversos campos del conocimiento:
De la psicología:
la descripción del chantaje emocional y del principio de autoridad
durante la infancia, por Alice Miller. Y del matricidio, realizada
por Victoria Sau.
Del psicoanálisis:
la descripción de la Falta Básica en lo más hondo de nuestra psique,
realizada por Michael Balint.
De la arqueología:
el descubrimiento de sociedades neolíticas no jerarquizadas y no
violentas, con un orden simbólico no manipulador, sino recreador
de la vida; por ejemplo, la obra de Marija Gimbutas.
De la antropología:
el grupo matrifocal basado en el apoyo mutuo, descrito ya por el
mismo Bachofen, y recientemente por la antropóloga argentina Martha
Moia.
De la sexología:
el re-descubrimiento del útero, de su papel y de su función en el
orgasmo femenino relatado por Marise de Choisy y por Juan Merelo-Barberá.
De la biología: el
apoyo mutuo como la condición de todo lo vivo, la confirmación de
la microbiología, de la genética y de la biología celular de lo
que ya vió Kropotkin hace casi cien años. El relato de Lynn Margulis
de la condición an-árquica de la vida.
Todo esto son fuentes
de conocimiento (de las cuales, insistimos, la principal son nuestros
sentimientos) para recuperar la integridad primaria de cada criatura
y el tejido social devastado de la fraternidad humana.
Bogotá, 26 de mayo
1998. |