|
Hay dos conceptos claves para entender la sexualidad: la pulsión del deseo y la capacidad
orgásmica del cuerpo humano. Sin deseo, la práctica del sexo no es sexualidad, sino como
decía Juan Merelo Barberá, tecnosexología. Sin deseo, los cuerpos no pueden desarrollar su
genuina capacidad orgásmica, necesaria para su autorregulación y para su funcionamiento normal.
El deseo y el desarrollo de la capacidad orgásmica se producen espontáneamente, no necesitan
'educación'; sólo necesitan que se eliminen las prohibiciones, el Tabú del Sexo. La tecnosexología
sí es objeto de educación porque es la practica del sexo sin deseo, o con el deseo
inducido con técnicas artificiales; es la practica del sexo de los cuerpos acorazados, educados
en la inhibición más o menos sistemática e inconsciente del deseo; las mujeres, en la inhibición
del latido del útero, en la desconexión entre la conciencia y el útero.
En el estado de inhibición, las emociones se desconectan de las pulsiones corporales y se
convierten en emociones erráticas que producen ansiedad. El conductismo pretende educarnos
y 'alfabetizarnos' emocionalmente, sin cuestionar el estado de represión del deseo y el
estancamiento de la capacidad orgásmica desde la etapa primal. Pero el 'analfabetismo emocional'
no es innato, es precisamente el resultado directo del estado de represión en el que nos
socializamos, y al permanente esfuerzo para adaptarnos a la norma de la institución del matrimonio
o de la llamada 'pareja de hecho'.
Las emociones brotan del cuerpo para apoyar la implementación de las pulsiones (ya sean
eróticas y sexuales, o de defensa, como la ira y la cólera…). Son tan sabias como las pulsiones,
y su objeto es facilitar la autorregulación del cuerpo.
En una sociedad de sexualidad espontánea, percibiríamos nítidamente el sentido de cada
emoción en la autorregulación corporal, así como su conexión con su pulsión correspondiente.
Las emociones serían el medio más importante para percibir lo que pasa en cada rincón de
los cuerpos autorregulados.
En las sociedades patriarcales del Tabú del Sexo, el acorazamiento produce la pérdida de
la transparencia y la desconexión entre la conciencia y las pulsiones, entre la epidermis y las
vísceras… La desconexión es la otra cara de la moneda del acorazamiento. La desconexión
juega un papel importantísimo para impedir que el deseo recorra el campo social (Deleuze y
Guattari). Los seres humanos, además de producir deseos, estamos hechos para percibir y acoger
el deseo del otro o de la otra; y para que cuando el deseo del otro o de la otra nos alcance,
induzca la producción del nuestro.
La tecnosexología que pretende hacer funcionar a las parejas que ya no se desean, y la educación
emocional que engaña a las personas sobre su desorden emocional, deben ser denunciadas.
El matrimonio o la pareja es un pacto o convenio social que sólo se corresponde con
el deseo corporal durante un tiempo limitado. Mientras que no se separe la sexualidad de la
institución, la sexualidad seguirá estando corrompida.
Este es el origen social del malestar individual: el Tabú del Sexo que se viene implementando
de diversas maneras a lo largo de unos cuatro milenios de dominación patriarcal.
La corrupción de la sexualidad ha sido y es imprescindible para el establecimiento de las
relaciones de dominación en general, y entre los sexos en particular: porque la verdadera
sexualidad desarrollaría relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones; porque
el amor verdadero es complaciente y se opone a la dominación: nadie podría reprimir o infligir
sufrimiento alguno al ser amado; de hecho, las relaciones entre amantes son siempre relaciones
de tú a tú (A.Moreno), nunca relaciones jerarquizadas de Autoridad.
|
|